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    una de las razones principales por las que asistimos a misa es para agradecer a dios por el don de

    Santiago

    Chicos, ¿alguien sabe la respuesta?

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    8 razones para ir a Misa

    "La Misa es aburrida". "No obtengo nada de la Misa: ¿Por qué debo ir?" "¿Por qué no puedo rezar solo?" Estas son preguntas comunes, especialmente entr...

    8 razones para ir a Misa

    THOMAS LICKONA

    "La Misa es aburrida". "No obtengo nada de la Misa: ¿Por qué debo ir?" "¿Por qué no puedo rezar solo?" Estas son preguntas comunes, especialmente entre los jóvenes y también entre muchos adultos. Veamos cuál debe ser nuestra respuesta.

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    "Hagan esto en memoria mía". - Jesús (Lucas: 22:19)

    "Si realmente supieras quién eres, quién es Dios y cuánto agradecimiento le debes a Él, querrías ir a Misa. La Misa será la fuente y el centro de tu vida espiritual". - James Stenson

    Estas son preguntas comunes, especialmente entre los jóvenes y también entre muchos adultos. El gran Obispo Fulton J. Sheen, cuando dirigía un retiro para adolescentes, una vez dio una charla sobre el significado de la Misa. Dijo que "si no obtienes nada de la vida, es porque no vienes a ella con las verdaderas expectativas". La Misa no es entretenimiento, añadió. Es el culto a Dios que nos creó y que nos salvó. Es una oportunidad para alabar a Dios y agradecerle por todo lo que ha hecho por nosotros.

    Si se entiende correctamente la Misa, dijo el Obispo Sheen, tendrá más significado para nosotros. Vamos a querer ir a Misa. Entenderemos por qué la Misa es el don precioso de Dios para nosotros y no pensaremos en rechazarlo. Aquí hay ocho razones para ir a Misa:

    El mandato de Dios

    El tercero de los Diez Mandamientos dados a Moisés por Dios dice: "Recuerda santificar el Sabbat". (Éxodo 20, 8)

    El mandato de Cristo

    ¿Por qué debemos santificar el Sabbat yendo a Misa? La Misa fue instituida en la Última Cena por Jesús antes de la Crucifixión. La Última Cena fue la primera Misa

    Cuando llegó la hora, él (Jesús) tomó su lugar en la mesa con los apóstoles… Luego tomó el pan, lo bendijo, y se los dio diciendo: "este es mi cuerpo, que será entregado por vosotros, hagan esto en memoria mía" (Lucas 22:14,19)

    Cuando celebramos la Misa, repetimos la Última Cena, como Jesús nos mandó hacer. Al hacer esto, recordamos y recreamos su gran acto de amor por nosotros en la Cruz: tomando nuestros pecados sobre sí para que nosotros, si seguimos sus mandamientos, podamos vivir con Él para siempre en el cielo.

    El mandato de la Iglesia

    La Iglesia enseña que tenemos que cumplir el mandato de Jesús ("Hagan esto en memoria mía") yendo a Misa el domingo (o en la víspera la noche anterior). El Catecismo de la Iglesia Católica (1994, num. 2180 y 2181) explica que ir a Misa el domingo o los días de guardar constituye uno de los seis mandamientos de la Iglesia.

    Estos Mandamientos de la Iglesia también exigen recibir la Comunión al menos una vez al año en Pascua, confesarse de todo pecado mortal como preparación para la Comunión y observar, cuando así esté prescrito, los días de ayuno y abstinencia. Estos mandamientos se refieren a las responsabilidades mínimas de un católico. No cumplirlas por nuestra irresponsabilidad, enseña la Iglesia, constituye un pecado grave.

    La Iglesia habla con la autoridad de Jesús.

    ¿Por qué debemos obedecer estas enseñanzas de la Iglesia? ¿De dónde recibió la Iglesia esta autoridad? De Jesús. En Mateo 16:18-19, Jesús hizo a Pedro la cabeza de su Iglesia: el primer Papa. Les dio a Pedro y a la Iglesia "las llaves para el reino de los cielos".

    Te digo a ti: tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella. Te daré las llaves del reino de los cielos. Lo que ates aquí en la tierra quedará atado en el cielo y lo que desates en la tierra, también será desatado en el cielo. La autoridad de la Iglesia en fe y moral es absoluta porque la autoridad de Cristo es absoluta.

    Lo que hacemos en Misa

    Antes que nada la Misa es un sacrificio – el sacrificio perfecto, creado por Jesús. A través del sacerdote ofrecemos a Jesús, en cuerpo y sangre, al Padre, así como Jesús se ofreció a sí mismo al Padre en la Cruz.

    De forma incruenta repetimos – hacemos presente – la muerte de Cristo y la Resurrección. A través de este memorial de Jesús, ofrecemos a Dios nuestra alabanza, nuestro dolor por los pecados y nuestro profundo agradecimiento.

    La Misa también es una comida. En la consagración, el pan y el vino, por medio del poder del Espíritu Santo, se convierte en el cuerpo y la sangre de Cristo. No es un mero símbolo, sino que es la verdadera carne y la verdadera sangre de Jesús bajo la apariencia de y vino. Cuando recibimos la Santa Comunión, recibimos al mismo Jesús. Él es la verdadera comida para nuestra alma. Él dijo esto muy claramente: Les digo, a menos que coman la carne del Hijo del Hombre y beban su sangre, no tendrán vida. Quien coma mi carne y beba mi sangre tendrá vida eterna y lo resucitaré en el día final. Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida. Quien coma mi carne y beba mi sangre permanece en mí y yo en él (Juan 6:55-56).

    ¿Cuáles son los beneficios de la Santa Comunión? Fortalece nuestra unión con Jesús. Él vive en nosotros de manera especial y nos limpia de los pecados veniales (los pecadores mortales requieren el perdón en la confesión). Nos da la gracia para evitar el pecado en el futuro y aumenta nuestro amor por Dios y por el prójimo.

    ¿Por qué tengo que alabar con otras personas?

    Dios nos hizo seres sociales. Él quiere que estemos juntos en comunidad para alabarlo. Jesús dijo: "donde dos o más estén reunidos en mi nombre, allí estaré" (Mateo 18:20).

    fuente : www.catholiceducation.org

    Catholic.net

    Participar en la Eucaristía es agradecer todo lo bueno que Dios nos da cada día.

    Aprende a Orar

    Reflexiones acerca de la Eucaristía

    La Eucaristía es una acción de gracias

    Participar en la Eucaristía es agradecer todo lo bueno que Dios nos da cada día.

    Por: P. Barela | Fuente: Catholic.net

    En los cuatro relatos de institución de la Eucaristía, aparece nuestro Señor dando gracias. Lo cual nos indica que, según la mente y el corazón del Señor, la oblación del sacrificio eucarístico va estrechamente unida a la acción de gracias «hasta el punto de ser ella la mismísima excelentísima expresión del agradecimiento que debemos expresar a Dios por los beneficios recibidos».

    Es esencial al culto de Dios darle gracias por los beneficios recibidos. El don de valor infinito que se ofrece en la Misa, Jesucristo mismo, y el acto de amor infinito con que se ofrece, y nosotros con Cristo, unidos a Él en caridad, son la mejor acción de gracias.

    En el sacrificio del altar, Jesucristo está animado de los mismos sentimientos de agradecimiento que lo abrazaron durante la pasión, en la santa Cena y sobre el Calvario. El don que Él presenta a su Padre por todos los beneficios dados al género humano es, como sobre la cruz, su Cuerpo nobilísimo y su Sangre preciosísima. La Santa Misa es, entonces, un sacrificio de acción de gracias excelente e infinitamente agradable a Dios, en compensación por todos los beneficios divinos de los cuales el cielo y la tierra están repletos. El mismo Jesucristo ofrece el sacrificio eucarístico para agradecer de nuevo por nosotros y suplir las imperfecciones de nuestro reconocimiento.

    Mas nosotros lo ofrecemos también con Él y con el mismo objetivo: porque su sacrificio es el nuestro propio. Para Él nosotros hemos venido a ser ricos por rendir a Dios un don de una grandeza sin límites, en retorno de todos los bienes pasados y de dones excelentes que nos vienen de su gran liberalidad. Si nosotros mismos no podemos agradecerle de modo conveniente ni el menor beneficio, el santo sacrificio de la Misa, nos permite, él mismo, pagar todas nuestras deudas por muy grandes que ellas pudieran ser .

    Lo peor que nos podría pasar en estos tiempos de dificultades y penurias, es olvidarnos de agradecer a Dios, por tantos bienes que nos da, aún en medio de las dificultades, y aún las mismas dificultades.

    Cuando dejamos de ver los bienes que recibimos, a raudales, todos los días, perdemos la alegría de vivir, el sentido de nuestro paso por esta tierra, la grandeza del fin último al que estamos llamados y caemos inexorablemente en distintas formas de tristeza y depresión, nos volvemos desconformes con todo, la vida cuenta poco, y hasta nos molesta la luz del sol.

    Rendir culto a Dios, ofrecerle el sacrificio de adoración y de acción de gracias, es decir que uno reconoce que Él es bueno, que son buenas todas sus criaturas, que es bueno que uno viva y que la vida es buena, es afirmar la bondad de la existencia: y esa es la raíz profunda de la fiesta. Hoy día se busca todo lo contrario y, por tanto, los hombres y los pueblos se van olvidando de hacer verdadera fiesta.

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    DEMOS GRACIAS A DIOS POR EL DON DE LA EUCARISTÍA

    Meister Eckhart, el gran escritor y místico alemán dijo: “Si la única oración que hacemos es una oración de ACCIÓN DE GRACIAS, eso bastaría.”  Leemos en las Escrituras que Jesús se entristeció al ver que sólo uno de los diez leprosos que fueron sanados de la terrible e incurable enfermedad de la lepra, ¡regresó a darle gracias!  (Lc […]

    SEP 04 2015

    DEMOS GRACIAS A DIOS POR EL DON DE LA EUCARISTÍA

    Meister Eckhart, el gran escritor y místico alemán dijo: “Si la única oración que hacemos es una oración de ACCIÓN DE GRACIAS, eso bastaría.”  Leemos en las Escrituras que Jesús se entristeció al ver que sólo uno de los diez leprosos que fueron

    sanados de la terrible e incurable enfermedad de la lepra, ¡regresó a darle gracias!  (Lc 17, 11-19)

    Dado que nuestra sociedad se distingue por su ingratitud a Dios y no queremos seguir desagradando a Dios, dador de todo lo bueno, esta reflexión presentará algunos puntos para animarnos y alentarnos a fomentar una “actitud de gratitud”. San Ignacio de Loyola mantuvo que “la esencia del pecado es prescindir de

    Dios por la ingratitud”.  El poeta y dramaturgo

    ingles acertó cuando dijo: “Más doloroso

    que el diente de una serpiente es la ingratitud de un hijo.” 

    El DON más grande que Dios ha dado a la humanidad es el Don de SI MISMO,

    bajo las especies del pan y el vino – ¡LA SANTA EUCARISTÍA! La palabra “Eucaristía” signifca “acción de

    gracias” en griego.  Nuestro

    corazón debería llenarse de un canto de alabanza y gratitud a Dios, por el Don de dones,

    la Eucaristía – el Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Jesucristo.  Este Don nos lo dio Jesús, la noche antes de que

    fuera crucificado estando Él en el Cenáculo con sus Apóstoles – los primeros

    obispos y sacerdotes.

    EL SACERDOCIO. Demos gracias a Jesús sin

    cesar, por el don perpetuado de su sacerdocio en el orden sacerdotal.  Porque la consagración del pan y el vino está

    reservada solo al sacerdote; la substancia del pan y el vino se transforman en

    el Cuerpo y Sangre de Jesús. Dé gracias a Dios por los

    sacerdotes que usted conoce y rece por ellos, y pida que Dios envíe a más

    sacerdotes para que trabajen en la mies por la salvación de las almas.  Porque “la mies es mucha pero los

    obreros son pocos.”

    SANTA MISA. Dé gracias y alabe a Dios por el don diario

    de la santa Misa celebrada por todo el mundo.

    Para mi como sacerdote, el Santo Sacrificio de la Misa es el centro, el

    corazón, el nucleo y la esencia de mi sacerdocio y de mi vida como Católico

    Cristiano.  Si usted todavía no ha formado el

    hábito de ir a la Santa Misa diariamente, forme el propósito de

    asistir a la santa Misa diariamente si sus obligaciones se lo permiten.  Si lo hace, no se arrepentirá y estará eternamente agradecido

    por las gracias que Dios derrama en su mente, su corazón y su alma.

    EL SAGRARIO. Dé gracias a Dios por el

    Sagrario.  El Sagrario es el pequeño

    recinto, la pequeña casita, la morada en donde habita el Rey de Reyes y Señor

    de Señores.  ¡Es la pequeña morada de Dios! No

    deje solo al Señor todo el día.  Visítelo

    en su pequeño recinto las veces que pueda, que por cierto, la palabra “Belén” significa “Casa de

    Pan”.  ¿Acaso no vale la pena hacer cualquier esfuerzo para visitar a Jesús

    Sacramentado?  Quizás este pequeño poema

    le motive a hacer pequeñas visitas a su Amigo en el Sagrario:  “Cada vez que veo un templo, me detengo por un

    momento, para que el día que yo muera, el Señor no me diga: ¿A quién es que

    contemplo? 

    EL OSTENSORIO. Jesús Sacramentado es

    expuesto más visiblemente en la custodia, u ostensorio; la palabra “ostensorio”

    proviene del latín “ostentare” que significa “mostrar”. En el ostensorio, Jesús Sacramentado se

    manifiesta visiblemente, para que lo adoremos y le demos gracias por las

    incontables gracias y dones recibidos y los dones que están por venir.

    CONSAGRACIÓN. Agradezcamos especialmente a Dios por la consagración en el contexto del Santo Sacrificio de la Misa, porque a las palabras de la consagración, en ese momento culminante que dice el sacerdote: baja Jesucristo del cielo a tierra.  ¡Emanuel Dios con nosotros!  ¡Cuan agradecidos debemos estar por este Don de dones!

    LA SANTA COMUNIÓN.¡ La bondad de Dios no

    tiene limites!  No hay una acción más

    grande que podemos realizer aquí en nuestra vida terrena, que recibir

    dignamente la Eucaristía.  ¡Al comulgar,

    nuestra alma se convierte en un sagrario viviente!  “Demos gracias al Señor porque es bueno;

    porque es eterna su misericordia.”

    EL CUERPO MÍSTICO DE CRISTO. Demos gracias

    que no estamos solos, que pertenecemos a una familia; la Iglesia es la familia

    de Dios, el pueblo de Dios, el Cuerpo Místico de Cristo.  Jesús es la cabeza y nosotros los

    miembros.  Alegrémonos y demos gracias

    que estamos unidos a Dios en la celebración y recepción de la Eucaristía con

    nuestros hermanos y hermanas.

    fuente : fatherbroom.com

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    Santiago 3 month ago
    4

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