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    son predisposiciones internas que determinan nuestro comportamiento

    Santiago

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    LA PREDICCIÓN DE LA CONDUCTA A TRAVÉS DE LOS CONSTRUCTOS QUE INTEGRAN LA TEORÍA DE ACCIÓN PLANEADA

    VOLUMEN: 4 NÚMERO: 7LA PREDICCIÓN DE LA CONDUCTA A TRAVÉS DE LOS CONSTRUCTOS QUE INTEGRAN LA TEORÍA DE ACCIÓN PLANEADAAmparo Carpi Ballester y Alicia Breva Asensio

    La diversidad de factores que intervienen en el inicio, mantenimiento y finalización de una conducta específica confiere a la misma un carácter de complejidad, siendo objeto de la psicología el estudio de los distintos procesos que la integran. El comportamiento humano es directamente observable, no así los procesos psicológicos que se desencadenan antes, mientras o después de la ejecución del mismo. No obstante, el conocimiento de dichos factores es un tema fundamental en el ámbito de la psicología. En este orden de cosas, la psicología trata de comprender, es decir, explicar el comportamiento, y predecirlo con anterioridad a que éste se lleve a término. Se trata de anticiparnos a los hechos, conociendo con qué probabilidad se va a desencadenar una conducta, y bajo qué condiciones, tanto individuales, como ambientales. Esta predicción no es una tarea fácil debido a la diversidad de factores que están implicados en la manifestación de un comportamiento. Desde el principio de la evolución filo y ontogénetica, la anticipación a los acontecimientos, es decir, la predicción de los mismos, ha permitido la supervivencia de los organismos. Por tanto, no resulta difícil aceptar la importancia que presenta para la disciplina psicológica la predicción de la conducta antes de que ésta se lleve a cabo. No obstante, esta predicción es un trabajo arduo, ya que hay que delimitar de forma clara qué factores intervienen dentro de un contexto determinado.

    De un modo muy general, podemos considerar que la conducta humana se puede predecir atendiendo a factores psicológicos y sociales. Por lo que se refiere a los factores psicológicos, podemos diferenciar entre características afectivas (ej. estados de ánimo y emociones) y cognitivas (ej. creencias y expectativas). Por lo que se refiere a los factores sociales (ej. redes y normas sociales), éstos actuarán facilitando o inhibiendo la manifestación de una conducta dada. Todos los factores comentados deben ser considerados a la hora de predecir la aparición, el mantenimiento o la extinción de una conducta en un contexto determinado.

    La mayoría de investigaciones que se han centrado en este campo, es decir, en el estudio de los distintos factores que pueden predecir el comportamiento, ha dado una relevancia especial a los factores cognitivos, y, especialmente, a las actitudes. Así, observamos como los otros factores implicados en la aparición, mantenimiento o extinción de una conducta, factores sociales y afectivos, quedan relegados, en muchas ocasiones, a un segundo lugar.

    Cuando se hace referencia a la necesidad de conocer la actitud para poder predecir la conducta que la persona podría o no realizar, hay que determinar si dicha conducta es general o específica. En este sentido, resulta de poca utilidad predecir una conducta específica (dejar de fumar) a partir de una actitud general (valorar positivamente la salud) y viceversa, de una conducta concreta (no abandonar el consumo de tabaco) no se puede desmentir una actitud general (menospreciar la salud). En la probabilidad de ejecución de un comportamiento concreto ha de tenerse en cuenta el tipo de conducta, el objeto hacia el cual se dirige la misma, el lugar donde se lleva a cabo y el momento en el que transcurre la acción (Morales, Moya y Rebolloso, 1994). Los distintos elementos que influyen en el inicio de una acción nos conducen a valorar las distintas creencias que están en juego, y no atender tan sólo a una creencia general, ya que no se otorga el mismo grado de aceptación o rechazo a cada uno de los componentes específicos que la conforman. Por ejemplo, conocer la actitud favorable hacia la salud coronaria puede decirnos muy poco sobre las conductas específicas que el individuo realizará para mantenerla. Así, no podemos conocer de antemano si, un individuo, tras adoptar una actitud positiva hacia la salud coronaria, va a abandonar el hábito tabáquico, practicar ejercicio físico, eliminar el consumo de grasas, etc. El conocimiento del mayor número de creencias específicas sobre la conducta, conjuntamente con el efecto de la valoración de las mismas, va a permitir una mejor predicción de la actitud y, por tanto, de la intención concreta de llevarla a término.

    Pero la actitud no es la única variable que tiene que tomarse en consideración para explicar el comportamiento. Según Fishbein y Ajzen (1975) en su Teoría de Acción Razonada (TAR) varios factores anteceden y explican el comportamiento humano. Concretamente, esta teoría trata de explicar las conductas que están bajo control consciente de los individuos a partir de distintos determinantes que la preceden y la explican. Para estos autores el determinante inmediato de la conducta no es la actitud propiamente dicha, sino la intención de realizarla. A su vez, la intención de conducta tiene dos precursores que la explican; uno estrictamente individual, como es la actitud acerca de la conducta, y otro de carácter colectivo y social, que hace referencia al contexto socio-cultural del individuo, acuñado como norma subjetiva (Fishbein y Ajzen, 1975; Ajzen 1989; Morales, Rebolloso y Moya 1994) (ver figura 1). Tanto la actitud como la norma subjetiva están determinadas por otros factores que las anteceden, y que nos ayudan a comprender la conducta. Por lo que se refiere a la actitud, ésta viene determinada por cada una de las creencias que la persona posee hacia el objeto (sea cosa, persona o institución) y la evaluación positiva/negativa realizada hacia cada una de esas creencias. Esta evaluación es el componente afectivo de la actitud, determinando la motivación y la fuerza de la intención de conducta. Se pueden poseer distintas creencias pero éstas, por sí solas, no conducen a la acción. Una evaluación alta de las mismas por parte de un individuo indica la importancia que tienen para él y el grado de compromiso con ellas.

    fuente : reme.uji.es

    Predicción de Comportamiento: El entrenamiento alcanza otro nivel

    PREDICCIÓN DE COMPORTAMIENTOS Siguiendo nuestra línea de Innovación en Ejercicio Físico y Salud para lograr profesionales formados en competencias pro...

    Predicción de Comportamiento: El entrenamiento alcanza otro nivel

    Publicado 10 de noviembre de 2016, 14:49

    PREDICCIÓN DE COMPORTAMIENTOS

    Siguiendo nuestra línea de Innovación en Ejercicio Físico y Salud para lograr profesionales formados en competencias profesionales transversales, os acercamos una nueva propuesta formativa orientada a diseñar entrenamientos más eficientes a partir de conocer las bases del comportamiento predictivo.

    ¿Influye nuestra personalidad en el Rendimiento? ¿podemos diseñar entrenamientos más eficaces y de mayor impacto?

    Vivimos en una sociedad obsesionada por el cambio personal, sin embargo, los rasgos de personalidad permanecen, según la biología y evidencia científica, estables a lo largo de la vida de una persona. En este sentido, el debate entre lo que la herencia-el ambiente puede influir en la forma de comportarse de una persona sigue aún vigente. Los profesionales del ejercicio físico y la salud deben no solo interiorizar estas bases biológicas del comportamiento humano, también deben aprender a utilizarlas de forma orientada hacia el diseño de dinámicas y entrenamientos. En definitiva, la psicología clínica nos aporta competencias profesionales de aplicación múltiple en el trabajo con y para personas.

    Capacitación Recomendada

    Lordosis y Estabilidad Lumbo-pélvica

    Lic. Mario Di Santo

    Especialista en Movimiento

    Tecnofits

    Grabado/Dictado: 14 de mayo de 2022

    La personalidad es «nuestra forma de ser». Es el mejor predictor de nuestro comportamiento. Está compuesta por «rasgos». Los rasgos son la predisposición a comportarnos de una forma relativamente consistente (en diversas situaciones y lugares) y relativamente estable (en distintas ocasiones). El estado sin embargo, es pasajero. Se da en un momento determinado y luego desaparece, es sustituido por otro. Nos lleva a confusión pensar que los estados emocionales, que son variables, repercuten en nuestra estructura de personalidad.

    G. W. Allport (1966) definía el rasgo de esta manera: «Sistema neuropsíquico generalizado (común a todos los individuos) y focalizado (particular), que tiene la propiedad de volver funcionalmente equivalentes gran número de estímulos y desencadenar y guiar formas equivalentes de comportamiento adaptable y expresivo».

    Es muy interesante la posibilidad de predecir la conducta de un individuo a partir del conocimiento de sus principales rasgos. Este «por qué» tiene que ver con que entran en juego motivaciones, presiones momentáneas, influencias específicas, el estado de ánimo del sujeto, el rango de edad, el sexo, las vivencias del pasado, etc. Si enmarcamos todas estas variables teniendo en cuenta la genética del individuo, entonces afinaremos nuestra predicción hasta límites insospechados.

    Pero no somos solo genética, los científicos genetistas no han podido todavía identificar los rasgos de personalidad en el genoma, y es que el producto final de lo que somos se compone de muchos factores, somos organismos complejos. Como si de una orquesta se tratase, podemos identificar a todos sus miembros, pero si los aisláramos, serían instrumentos solitarios y el resultado dejaría de ser una orquesta. En definitiva, tanto el aprendizaje como la genética, juegan un papel fundamental e inseparable.

    Si es cierto que nuestro sistema cerebral refleja signos de especialización innata dos hermanos educados en una misma familia se parecen por los genes que comparten. (Steven Pinker ,2002)

    Veamos qué dicen los estudios sobre el tema:

    La correlación entre personalidades si tomamos como ejemplo dos hermanos uno de ellos biológico y el otro adoptado la correlación entre sus personalidades es de 0,es decir, ambos niños no se parecerán entre sí a pesar de haber vivido en la misma familia .

    Sin embargo la correlación entre personalidades de los gemelos idénticos criados por separado ronda el... 90%. Es decir, ambos niños se parecerán enormemente entre sí a pesar de haber vivido en familias distintas (Bouchard et al., 1988). Por tanto ¿Tiene sentido diseñar entrenamientos sin tener en cuenta la predisposición genética del individuo, ya no solo fisiológica, sino también psicológica?

    Por tanto podemos concluir sobre el debate Herencia VS Ambiente que un 50% de nuestra forma de ser depende de los genes, un 0% depende de la experiencia compartida ( aunque suene sorprendente, no influye en tu forma de ser que te críes en una u otra familia), y un 50% depende de la experiencia privada. (Juan Espinosa, M., y García Rodríguez, L. 2004).

    Esta «experiencia privada» son nuestros genes en interacción con lo que nos pasa. Este concepto de experiencia privada es muy importante. La sociedad atribuye a la experiencia compartida el moldeamiento de la personalidad (por ejemplo, dos hermanos que comparten el mismo ambiente familiar, el mismo colegio, etc.) La evidencia que viven los padres es que un hermano se adapta mejor que otro a los diferentes ambientes y que sus hijos, de hecho, son diferentes. Pero lo importante es la experiencia privada de cada hermano en cada situación. Su personalidad interactuando con el ambiente. Mi hermano y yo podemos haber ido al mismo colegio y, sin embargo, yo puedo tener un maravilloso recuerdo de mi paso por él y mi hermano aborrecer esa etapa de su vida.

    fuente : g-se.com

    9.3. Explicación de la conducta

    Apuntes del libro "Psicología de la Personalidad"

    9.3. Explicación de la conducta

    Última actualización: 29 Mayo 2017

    personalidad conducta

    Coherencia comportamental

    La personalidad presenta una notable estabilidad a lo largo de la vida, sobre todo cuando se analiza en términos de diferencias individuales, pero también en términos absolutos, pues aunque ciertamente se producen cambios, estos suelen ser de pequeña magnitud.

    Esta estabilidad de la personalidad no siempre se traduce en estabilidad comportamental. La conducta del individuo puede variar de un momento a otro y de una situación a otra. Sin embargo, seguimos identificándonos como la misma persona, continuamos aceptando las diversas expresiones conductuales como propias, y los demás siguen reconociéndonos como la misma persona pese a la variabilidad conductual.

    Para entender esta cuestión hay que tener presentes 3 datos:

    El mismo concepto de personalidad se asienta sobre la existencia de continuidad en la conducta. La personalidad hace referencia a la existencia de patrones regulares de conducta, en base a los cuales se define característica y diferencialmente a cada individuo.

    La existencia de regularidad y continuidad en la conducta es un factor decisivo para el desarrollo y mantenimiento del sentimiento de propia identidad. Uno se define a sí mismo a partir de la observación de su conducta en diversas situaciones, pero para que esta observación le permita elaborar una imagen armónica de sí mismo, es preciso poder establecer nexos de continuidad entre unas manifestaciones conductuales y otras

    La existencia de patrones regulares de conducta parece una condición importante para poder anticipar y predecir la propia conducta y la de los demás, propiciando el desarrollo de conducta adaptativa.

    Lo definitorio de la conducta de un individuo es la presencia de perfiles estables de covariación situación-conducta, que permite predecir la conducta en términos de relaciones de contingencia, que identifican las condiciones y circunstancias en que es más probable la ocurrencia de uno u otro tipo de conducta.

    La personalidad de un individuo se expresa a nivel conductual en el patrón particular con el que sus conductas y experiencias varían en función de la situación de forma sistemática y predecible. La observación del patrón de relaciones de contingencia situación-conducta permite conocer la dinámica de interrelaciones entre procesos cognitivos, afectivos y motivacionales, que configura su personalidad.

    Estas relaciones de contingencia identifican la relación de codependencia existente entre características de la situación, contexto o circunstancias en que se encuentran la persona y la forma específica de conducta con que responde a las mismas. La presencia de contingencia entre situación (externa o interna) y conducta puede indicarse mediante expresiones conectivas (por ejemplo si… entonces…) mediante las que se establece la asociación entre:

    la conducta y alguna situación o circunstancia externa ó

    la conducta y algún estado interno del individuo

    Las reglas condicionales recogen la variabilidad situacional y explican la plasticidad y variabilidad discriminativa observables en la conducta.

    Lo que caracteriza a la personalidad es precisamente esta flexibilidad adaptativa, asociada a la capacidad discriminativa del ser humano, que se traduce en patrones de estabilidad y variabilidad. Patrones que se van consolidando y estabilizando a partir de las experiencias por las que cada uno va pasando en el curso de su desarrollo, introduciendo coherencia en el comportamiento, que varía de un contexto a otro, pero no de forma arbitraria y errática, sino de forma pautada y predecible.

    El comportamiento es esencialmente discriminativo y cambia en función del modo en que el individuo perciba la situación, valore los recursos de que dispone para hacerle frente y pondere las consecuencias esperables de las distintas alternativas de respuesta con las que cuenta. La conducta puede cambiar en función de la decisión que tome la persona acerca del tipo específico de conducta que espera le proporcionará el mayor ajuste posible entre:

    sus competencias, necesidades, valores y proyectos

    las demandas de la situación

    La conducta es coherente en la medida en que siempre responde a la interacción que en cada ocasión y circunstancia se establece entre características del individuo (expectativas, necesidades, emociones, valores, metas…) y requerimientos específicos de la situación. Una persona se comportará de forma similar en una u otra situación cuando el balance de la interacción persona-situación sea semejante. En cambio, es esperable que la conducta cambie en la medida en que cambien los elementos que entran en interacción o el balance final de la misma.

    El comportamiento muestra un patrón de estabilidad y variabilidad que no es errático sino coherente.

    Implicaciones para el conocimiento de la personalidad

    El conocimiento del perfil de conducta que caracteriza a una persona permite identificar las razones de su comportamiento que puede variar de unas situaciones a otras pero que al mismo tiempo guarda una lógica y coherencia internas que lo hacen predecible.

    La observación sistemática del patrón de estabilidad y cambio que caracteriza la conducta de una persona, permite conocer más profundamente el sistema de interrelaciones entre procesos psicológicos que define su personalidad. La observación de los cambios de conducta según la situación, puede permitir identificar qué procesos psicológicos están implicados en cada caso, qué busca satisfacer el sujeto, cómo percibe la situación, a qué configuración estimular está respondiendo.

    fuente : psikipedia.com

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    Santiago 13 day ago
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