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    que pasa si un hombre prueba la menstruación de una mujer

    Santiago

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    5 fascinantes creencias prehispánicas sobre la menstruación

    En América antes de la colonización, existió una rica pluralidad de creencias y prácticas en torno a la menstruación

    PERIODOS

    Lunas y magia: 5 fascinantes creencias prehispánicas sobre la menstruación

    by Lina Bembe — 8 de mayo de 2019

    Reviewed by Dra. Judith Elena Martínez Acosta

    La menstruación no es solamente una función biológica de nuestros cuerpos. Desde siempre, los seres humanos también hemos hecho de ella una construcción sociocultural; le hemos atribuido símbolos, mitos, ritos y prácticas que reflejan cómo nos relacionamos en términos de género, poder, roles dentro de la comunidad, etc. Estas creencias también se ven influenciadas por la religión y cambian a la par de nuestras realidades políticas, sociales y culturales.

    En América antes de la colonización, existió una rica pluralidad de creencias y prácticas en torno a la menstruación. Todas ellas fueron parte de cómo las civilizaciones prehispánicas veían al universo: como una totalidad interconectada, en la cual cuerpo, mente y espíritu estaban estrechamente ligadas (1).

    Las visiones prehispánicas en torno a la salud, incluida la menstruación buscaban un equilibrio entre lo natural y espiritual, entre el individuo y la comunidad (2), lo cual era importantísimo para asegurar buenas cosechas, mantener el orden social y armonía espiritual.

    En torno a la regla, muchos pueblos y culturas compartieron creencias en común. Aquí una lista de los elementos más interesantes y recurrentes. La influencia de la luna, la tierra como símbolo de fertilidad, las flores en conexión con la sexualidad así como el poder y miedo a la naturaleza cambiante del cuerpo femenino. Algunas de estas creencias siguen vigentes en la actualidad.

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    El poder de la luna

    La conexión de la luna con la menstruación ha sido una de las creencias más recurrentes. La luna se relaciona con lo femenino y la fertilidad, aunque en épocas prehispánicas esta característica tuvo poco o nada que ver con el rígido binarismo de género impuesto en tiempos coloniales (3).

    Es posible que la luna y menstruación hayan sido tan comúnmente asociadas debido a que los 29 días del ciclo de la luna se asocian a los ciclos menstruales y luego de nueve periodos, el número de los señores de la noche, el ser humano terminaba su desarrollo en el vientre materno, haciendo a la luna también diosa de las parteras (4).

    Se consideraba que el cuerpo femenino es sensible a los ritmos del cosmos. Por ejemplo, las diosas mayas se identificaban con el astro, diferenciando incluso sus aspectos juveniles y seniles, con los aspectos menguantes y crecientes del ciclo lunar (5).

    Asimismo, en diversas culturas del Perú prehispánico, se han encontrado vestigios de cerámica y grabados con lunas dibujadas sobre vulvas y plantas alimenticias (6), lo que nos lleva al siguiente elemento…

    Tierra y fertilidad

    También de carácter femenino, tierra, luna y menstruación están profundamente ligadas hasta nuestros días. Al brillar de noche, la luna se vincula a la tierra y el inframundo, que es donde germinan las plantas, dotando así al cuerpo femenino con una fuerza creadora de vida. La primera menstruación es entonces la manifestación del poder de dar vida a otro ser.

    Para los antiguos nahuas, Tlaltecuhtli, la diosa Madre de la tierra, era un ser que clamaba por sangre humana para llevar las cosechas a su término y su cuerpo era la matriz de donde surgió el mundo (7). Un dato curioso sobre los antiguos mayas es que, en prácticas de sacrificio los hombres solían sangrarse el pene, en símbolo de imitación a la menstruación y su potencia fecundadora (8).

    Varios vestigios del Perú prehispánico –donde incluso se han encontrado vasijas con iconografías de clítoris cubiertos de sangre menstrual- señalan rituales mágicos donde la sangre de la primera menstruación se usaba para asegurar la fertilidad de la tierra, es así como la fertilidad agrícola y humana estaban profundamente interconectadas (9).

    Las aymaras de nuestros días creen en el potencial vital de la sangre menstrual, la cual debe traspasarse a la Pachamama (tierra), Mallkus y T'allas (seres de los cerros, vertientes y pircas), contribuyendo también a la fertilidad de la comunidad, conectando así el flujo menstrual con las deidades y la reproducción del grupo social (10).

    Flores como símbolo de sexualidad

    Cuenta el mito que el dios Quetzalcóatl, mientras se lavaba tocó su pene y echó semen a una piedra, la cual se convirtió en un murciélago (Zotz). Los dioses entonces enviaron a esta criatura a morder la vagina de Xochiquetzal -diosa del amor y la sexualidad- mientras ella dormía, de la cual surgieron flores que olían mal. Zotz –atribuido a la noche-  llevó estas flores al reino de los muertos, llamado Mictlán, las lavó de nuevo y en esa ocasión surgieron flores perfumadas . Este mito ilustra el origen divino de la menstruación, del poder del erotismo simbolizado en las flores y de procreación femenina (11), ya que Xochiquetzal fue considerada creadora de la humanidad, de la primera relación sexual y del primer parto (12).

    Al día de hoy, ciertos mitos sobre los murciélagos siguen vivos. Entre los tzotziles de Chiapas existe una figura mítica llamada 'ik'al, la cual en su descripción es muy posible que se refiera al murciélago. Esta criatura es temida porque aparentemente viola a las mujeres y decapita a los hombres (13).

    fuente : helloclue.com

    Todo lo que los hombres ya deberían saber sobre la menstruación

    No es teatro. Tampoco es histeria. Los efectos del ciclo sexual femenino contados para quienes nunca los han padecido

    SALUD

    Todo lo que los hombres ya deberían saber sobre la menstruación

    Todo lo que los hombres ya deberían saber sobre la menstruación No es teatro. Tampoco es histeria. Los efectos del ciclo sexual femenino contados para quienes nunca los han padecido

    SALOMÉ GARCÍA

    12 FEB 2016 - 10:01 CET

    20

    Imagen de la película '(500) días juntos (2009)'. En ella: Joseph Gordon-Levitt y Zooey Deschanel.

    CORDON

    El ser humano es una especie de primate de organismo complejo, cuya biología siempre se impone sobre disfraces o convenciones. Y usted dirá: ¿a qué viene esta clase de primero de biología? Pues a que entender el cuerpo es crucial para nuestras relaciones. Y que de nada sirve conocer al dedillo los gustos musicales de su hermana, madre, hija o o novia, si luego observa como un marciano las fases de su ciclo menstrual, un proceso fisiológico que viven las mujeres sexualmente maduras. ¿Qué deben saber los varones sobre la menstruación de las féminas? Que las hormonas vienen y van. “En estas alteraciones y los subsiguientes efectos físicos y del ánimo influyen muchos factores. Todas las mujeres experimentan subidas y bajadas de estrógenos, progesterona y testosterona, pero no afecta a todas por igual. Es más, una misma fémina, a lo largo de todos los ciclos de su vida fértil, puede tener meses muy tranquilos y meses complicados. Entender esto es duro para muchos hombres, e incluso para las mujeres con ciclos sin sobresaltos”, relata el ginecólogo Carlos Cerdán Darder, jefe del servicio de Ginecología y Obstetricia del Hospital Quirón de Palmaplanas de Palma de Mallorca y miembro de Top Doctors.

    A esta confabulación de las hormonas pueden sumarse factores externos. “El estrés laboral, el abatimiento personal o la ansiedad, pueden acrecentar los cambios de humor o la sensación de cansancio o irascibilidad. Normalmente, después de la maternidad, los ciclos se sobrellevan mejor, se atenúa el síndrome premenstrual y las reglas son menos dolorosas”, precisa Cerdán. A sabiendas de que no hay dos ciclos iguales en una misma mujer y, mucho menos, dos de ellas que pasen exactamente por lo mismo a lo largo de los 28 días que dura el proceso de desarrollo de los gametos, estos son algunos de los efectos frecuentes que a estas alturas cualquiera, independientemente de su sexo, debería conocer.

    1. Dolor, cansancio y más dolor

    El viaje empieza en el día 1 del ciclo. La llegada de la regla. Los niveles de progesterona (algo así como una droga antiansiedad natural) y estrógenos (energizantes) quedan bajo mínimos. “Esta situación hormonal favorece un estado de abatimiento y cansancio generalizado”, explica el ginecólogo. Para terminar de estropear la situación, irrumpen las prostaglandinas, unos lípidos que actúan de manera similar a las hormonas. “Desencadenan unas contracciones en el útero para expulsar el endometrio (el recubrimiento que habría albergado al feto en caso de embarazo). En algunas mujeres esas contracciones son especialmente intensas y es lo que ocasiona el clásico dolor de regla. Los anticonceptivos orales y los analgésicos como el ibuprofeno suelen ser los medios más habituales para reducir su presencia y así mitigar el dolor”, añade la doctora Mª Mar Sánchez Gila, ginecóloga del Hospital Universitario Virgen de las Nieves de Granada. ¿Cuentos de mujeres quejicas? En absoluto. “La disminorrea o regla dolorosa afecta, en algún momento de su vida, al 50% de los individuos que menstrúan. Las molestias suelen ser de leves a moderadas, pero hasta el 25% de las mujeres pueden presentar dolor agudo, náuseas, vómitos, diarreas, cefalea e incluso perdidas de consciencia”, advierte el doctor Duque Frischkorn, de la Unidad de la Mujer del Hospital Ruber Internacional. “Lógicamente, ante esta situación de malestar y dolor es comprensible que la fémina no se sienta animada para hacer muchas actividades”, comenta Cerdán.

    2. Chute de energía

    El 85%  de las mujeres en edad fértil experimenta el síndrome premenstrual (acné, cambios de humor, náuseas, dolor de estómago o insomnio), pero menos del 10% lo hace con toda su virulencia

    Nada más terminar de menstruar, se entra en la fase folicular. Y como quien no quiere la cosa, de un día para otro, algunas de ellas se sienten electrizadas, con ganas de hacer mil cosas. Los responsables: los niveles de estrógenos y testosterona subiendo como la espuma y capaces de producir importantes cambios a nivel cerebral. Un equipo dirigido por el neurólogo Jean-Claude Deher, del Instituto Nacional de salud Mental de Bethesda (EE UU), demostró con resonancias magnéticas que las mujeres en la fase folicular responden mejor a los estímulos asociados a una recompensa. “Esto implica estar más dispuestas a realizar inversiones de dinero o emprender acciones arriesgadas durante esos días [unas 9 jornadas de duración, justo después del sangrado]. E incrementa la libido”, señala.

    3. Felicidad absoluta

    Durante los días centrales del ciclo, el momento ovulatorio, la sensualidad y vitalidad de la semana anterior llegan a su plenitud. Son los días fértiles. La neuropsiquiatra Pauline Maki, directora del Programa de Salud Mental Femenina de la Universidad de Chicago, sostiene en su estudio Variaciones de la Memoria Implícita Durante el Ciclo Menstrual que, además, ese pico de estrógenos podría incidir en una agudización de la memoria y la motricidad fina (movimientos de precisión).

    fuente : elpais.com

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    VladGans / Getty Images

    Rocío Carmona

    06/10/2018 08:30 Actualizado a 09/10/2018 10:49

    Recuerdo bien mi primera menstruación. Además del dolor y de cierto nerviosismo la sensación más apabullante que experimenté fue de vergüenza. En mi familia se había hablado muy poco del ciclo femenino, y quizá fue a través de aquellos silencios como yo entendí que aquel era un acontecimiento misterioso que de alguna manera necesitaba disimular u ocultar. Me aterrorizaba la idea de mancharme y de que alguien se diera cuenta. Caminaba como un pato con mis piernecitas de once años y una compresa enorme entre ellas que me irritaba la piel y era un recordatorio constante e incómodo de que algo fundamental había cambiado. Y no precisamente para bien.

    Como tantas mujeres, experimenté aquel hito de mi vida como un castigo y temía que, al mirarme, todos pudieran adivinar que me había venido eso, pues así había oído que muchas personas de mi entorno nombraban a la menstruación. Muchos años después supe que en inglés la llamaban ‘la maldición’ (). Fue entonces cuando leí por primera vez a Miranda Gray, la pionera en el estudio de los ciclos femeninos y autora de libros tan conocidos como o . Para Gray, el ciclo menstrual, lejos de ser algo de lo que debamos avergonzarnos, es una influencia muy importante en la vida de todas las mujeres. Una influencia de la que se suele hablar poco, ni siquiera en los libros de psicología o de desarrollo personal.

    Erika Irusta, autora de, de próxima publicación, afirma en su libro que “menstruar sigue siendo un tema tabú”. Parece ser, explica Irusta, que “el hecho de que la experiencia menstrual esté marcada por la vergüenza tiene repercusiones en nuestra salud”. Según esta pedagoga y activista, creadora del concepto ‘Pedagogía Menstrual’, una de esas consecuencias es la química que se desencadena en nuestro cuerpo. Y es que el organismo no tiene la misma respuesta cuando le sucede algo que hemos aprendido a asociar en nuestro inconsciente como malo, sucio o inútil que cuando un proceso corporal es valorado como algo normal o incluso deseable. Para la ginecóloga y obstetra Arianna Bonato, “el modo en que miramos un fenómeno físico es muy importante. Si lo acompañamos desde una mirada fisiológica y desde la aceptación de cómo funciona nuestro cuerpo siempre será mucho más positivo que si lo vemos como una enfermedad”.Arianna Ruffinengo, autora de , asegura que el conocimiento de las distintas fases del ciclo es una herramienta extraordinaria para que todas las mujeres se expresen y ganen en bienestar, y también para que se acepten y dejen de juzgarse: “Muchas mujeres que no conocen en profundidad su ciclo y que no están al tanto de las distintas fases por las que pasan cada mes se juzgan a sí mismas cuando se dan cuenta de que no pueden estar todo el tiempo del modo en que la sociedad les demanda: alegres, atractivas, productivas, disponibles. Una mujer que se conoce, que entiende que el movimiento de su ciclo es totalmente normal y se siente en armonía con él comprende que existe una realidad distinta a la que propone la sociedad y los medios de comunicación, y deja de reprimirse y de juzgarse por no estar siempre de la misma manera”.

    Para Ruffinengo, la conciencia de que las mujeres somos cíclicas, esto es, que pasamos por distintos estadios físicos y emocionales que tienen que ver con nuestra constitución como mujeres, lo que a su vez tiene un impacto en el conjunto nuestra vida cotidiana, debería ser algo que se enseñara en la educación primaria. “Existe un gran vacío cultural en esta área, y llama la atención, porque este es un proceso que nos acompaña durante toda la vida”.

    Para Bonato, en cambio, la transmisión de este conocimiento necesita de un acompañamiento afectivo que es vital que se ofrezca desde la familia. “La transmisión que hacen las madres a sus hijas acerca de esta ciclicidad afectará mucho al modo en que vivirán ellas su cuerpo y su sexualidad. Si las mujeres hacemos un trabajo de profundización y conocimiento en esa dirección estaremos cambiando la concepción del cuerpo y del alma de las mujeres. Estaremos haciendo una inversión en las mujeres del futuro y en esa recuperación de lo femenino que tanto estamos pidiendo”. Así pues, ¿cuáles son las distintas fases del ciclo femenino, y cómo nos afectan? En el libro de Arianna Ruffinengo las encontramos descritas de esta manera:

    fuente : www.lavanguardia.com

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    Santiago 8 month ago
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