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    padre de las ciencias sociales cuya obra más conocida es la ética protestante y el espíritu del capitalismo, publicada en 1904.

    Santiago

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    La ética protestante y el espíritu del capitalismo

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    La ética protestante y el espíritu de capitalismo

    de Max Weber

    Portada de 1934.

    Género Sociología económica

    Tema(s) Economía, religión

    Idioma Alemán

    Título original Die protestantische Ethik und der 'Geist' des Kapitalismus

    País Alemania

    Fecha de publicación 1905

    Premios International Sociological Association Books of the Century

    [editar datos en Wikidata]

    (en alemán, ) es un libro escrito por Max Weber, un sociólogo, economista y político alemán. Comenzó como una serie de ensayos, el texto alemán original fue compuesto en 1904 y 1905, y fue traducido al inglés por primera vez por el sociólogo estadounidense Talcott Parsons en 1930.1​ Se considera un texto fundacional en sociología económica y una contribución histórica al pensamiento sociológico en general.

    En el libro, Weber escribió que el capitalismo en Europa del Norte evolucionó cuando la ética Protestante (particularmente Calvinista) influyó en un gran número de personas para que se dedicaran al trabajo en el mundo secular, desarrollando empresas y participando en el comercio y la acumulación de riqueza para la inversión. En otras palabras, la Ética protestante del trabajo fue una fuerza importante detrás del surgimiento no planificado y descoordinado del capitalismo moderno.2​ En su libro, además de los calvinistas, Weber también habla sobre los luteranos (especialmente pietistas, pero también señala diferencias entre luteranos tradicionales y calvinistas), metodistas, bautistas, cuáqueros y Moravos (refiriéndose específicamente a la comunidad basada en Herrnhut bajo la dirección espiritual de Count von Zinzendorf. En 1998, la Asociación Internacional de Sociología enumeró este trabajo como el cuarto libro sociológico más importante del siglo XX, después de de Weber, Mills , y de Merton.3​ Es el octavo libro más citado en ciencias sociales publicado antes de 1950.4​

    Índice

    1 Resumen

    1.1 Conceptos básicos

    1.2 Orígenes de la ética laboral protestante

    1.3 La ética del trabajo protestante en la época de Weber

    1.4 Conclusiones 2 Recepción

    3 Tabla de contenido

    4 Crítica 4.1 Metodología

    4.2 Crítica económica

    4.3 Crítica revisionista

    4.4 Otras críticas 5 Soporte 6 Ver además 7 Referencias 8 Otras lecturas 9 Enlaces externos

    Resumen[editar]

    Conceptos básicos[editar]

    Aunque no es un estudio detallado del protestantismo, sino más bien una introducción a los estudios posteriores de Weber sobre la interacción entre varias ideas religiosas y la economía ("La religión de China: confucianismo y taoísmo" 1915, "La religión de la India : La sociología del hinduismo y el budismoJudaísmo antiguoLa ética protestante y el espíritu del capitalismo

    La devoción religiosa, sostiene Weber, suele ir acompañada de un rechazo de los asuntos mundanos, incluida la búsqueda de riquezas y posesiones. Para ilustrar su teoría, Weber cita los escritos éticos de Benjamin Franklin:

    Recuerde que "el tiempo es dinero". El que puede ganar diez chelines diarios con su trabajo y se va al extranjero o se queda desocupado la mitad de ese día, aunque gaste sólo seis peniques durante su diversión o su ocio, no debe considerar "ese" el único gasto; realmente ha gastado, o más bien tirado, cinco chelines además. [...] Recuerde que el dinero es la "naturaleza prolífica y generadora". El dinero puede engendrar dinero y su descendencia puede engendrar más, y así sucesivamente. Cinco chelines convertidos son seis, convertidos de nuevo son siete y tres peniques, y así sucesivamente, hasta que se conviertan en cien libras. Cuanto más hay, más produce en cada giro, de modo que las ganancias aumentan cada vez más rápido. El que mata una cerda reproductora, destruye toda su prole hasta la milésima generación. El que asesina una corona, destruye todo lo que podría haber producido, incluso decenas de libras.

    Weber señala que esta no es una filosofía de mera codicia, sino una declaración cargada de lenguaje moral. De hecho, Franklin afirma que Dios le reveló la utilidad de la virtud.6​:9–12

    La Reforma afectó profundamente la visión del trabajo, dignificando incluso las profesiones más mundanas como un agregado al bien común y, por lo tanto, bendecidas por Dios, tanto como cualquier llamado "sagrado" (alemán: ). Una ilustración común es la de un zapatero, encorvado sobre su trabajo, que dedica todo su esfuerzo a la alabanza de Dios.

    Para enfatizar la Ética del trabajo en el protestantismo en relación con los católicos, señala un problema común que enfrentan los industriales cuando emplean trabajadores precapitalistas: los empresarios agrícolas intentarán alentar el tiempo dedicado a la cosecha ofreciendo un salario más alto, con la expectativa de que los trabajadores vean el tiempo dedicado al trabajo como más valioso y, por lo tanto, participen más tiempo. Sin embargo, en las sociedades precapitalistas, esto a menudo da como resultado que los trabajadores gasten "menos" tiempo en la cosecha. Los trabajadores juzgan que pueden ganar lo mismo, mientras pasan menos tiempo trabajando y tienen más tiempo libre. También señala que las sociedades que tienen más protestantes son las que tienen una economía capitalista más desarrollada.6​:15–16

    fuente : es.wikipedia.org

    LA ÉTICA PROTESTANTE Y EL ESPÍRITU DEL CAPITALISMO

    La ética protestante y el espíritu de capitalismo (Die protestantische Ethik und der 'Geist' des Kapitalismus) es un libro escrito por Max Weber, un economista y sociólogo alemán entre 1904 y 1905 como una serie de ensayos. Más tarde se publicó como libro, que no debe verse como un estudio detallado del protestantismo, sino como una introducción a sus trabajos posteriores,

    LA ÉTICA PROTESTANTE Y EL ESPÍRITU DEL CAPITALISMO

    WEBER, MAX

    10,50€ DESCATALOGADO Editorial: PROMETEO

    Coleccion del libro:

    Sin Colección Idioma: Castellano Número de páginas: 224

    Dimensiones: 200 cm × 140 cm × 0 cm

    Fecha de publicación:

    2008 Materia: sociología ISBN: 978-950-9217-33-1

    La ética protestante y el espíritu de capitalismo (Die protestantische Ethik und der 'Geist' des Kapitalismus) es un libro escrito por Max Weber, un economista y sociólogo alemán entre 1904 y 1905 como una serie de ensayos. Más tarde se publicó como libro, que no debe verse como un estudio detallado del protestantismo, sino como una introducción a sus trabajos posteriores, sobre todo a sus estudios de otras religiones. Define el espíritu del capitalismo como aquellos hábitos e ideas que favorecen el comportamiento racional para alcanzar el éxito económico. Enfrentado ideológicamente a Marx, Weber estaba convencido de que no era el materialismo (la búsqueda del dinero), el "auri sacra fames", el mecanismo social más importante, sino que la ideología, sobre todo religiosa, era el principio fundamental que regía la vida de las personas y los pueblos.

    En La ética protestante y el espíritu de capitalismo, Weber expone su tesis de que la ética puritana ha influido en el desarrollo del capitalismo. No obstante la religiosidad profunda normalmente va acompañada de un rechazo a las actividades mundanas incluyendo las económicas. ¿Por qué no fue éste el caso del protestantismo? Weber intenta explicar esta paradoja en su trabajo: El comportamiento lógico es conseguir el máximo beneficio con el mínimo esfuerzo no habiendo alicientes para seguir trabajando cuando se ha conseguido lo suficiente para llevar una vida modesta. Esta actitud estaba reforzada por la idea del trabajo como castigo por el pecado original (en el ensayo señala que si a un campesino católico polaco se le duplica el sueldo, trabajará la mitad).

    El protestantismo hizo salir a la calle el comportamiento de los conventos, donde los monjes trabajaban para glorificar a Dios. El trabajo era una actividad buena en sí misma al margen del enriquecimiento personal. El sacrificio en el trabajo y el éxito económico no era seguido por una recompensa con bienes terrenales sino como una prueba de ser los elegidos: la predestinación. Weber hace la observación de que los calvinistas no hacían ostentación de sus riquezas, gastándolas en tierras u objetos de lujo sino al contrario (todos vestían de forma modesta) y los beneficios los reinvertían continuamente generando así un círculo virtuoso, convirtiendo en pocas generaciones un pequeño negocio familiar en una próspera empresa.

    Intentando responder a la afirmación de que en sus días (1905) no era la ética protestante la que regía el sistema económico, Weber argumentó que cuando el capitalismo ya estuvo consolidado, los principios puritanos que originaron la nueva economía ya no fueron necesarios, ya que el sistema se pudo mantener a sí mismo.

    fuente : traficantes.net

    Resumen de La ética protestante y el espíritu del capitalismo, de Max Weber

    La ética protestante y el espíritu del capitalismo

    Escrita entre 1904 y 1905, La ética protestante y el espíritu del capitalismo es la obra fundamental y más conocida de Max Weber, filósofo y sociólogo alemán que fue también un hombre político; en sus investigaciones históricas halló siempre un punto de apoyo para las cuestiones más urgentes y actuales de la vida política alemana anterior y posterior a la guerra.

    Max Weber

    Es característica del pensamiento de Max Weber su crítica de la concepción materialista de la historia; para el sociólogo alemán, no sólo los intereses económicos determinan el devenir histórico, el movimiento de las clases y las grandes corrientes sociales, sino que también influyen, y de forma principal, los factores de carácter psicológico y religioso. Desde esta posición general, Weber pasó a buscar en la historia de las religiones las concepciones que favorecieron o frenaron el desarrollo del capitalismo, llegando a la conclusión de que el capitalismo es heredero del calvinismo y del puritanismo, es decir, de aquellas corrientes originadas en la Reforma protestante en que la salvación nunca puede venir de la renuncia al mundo, sino de una incesante actividad moral y material.

    Aunque el reformador Juan Calvino había hecho suyas en su juventud las ideas esenciales de Lutero (negación de la autoridad papal, libre interpretación de la Biblia y salvación a través de la fe), pronto hubo discrepancias doctrinales, particularmente en lo que respecta a la predestinación. En la teología calvinista (que se impondría con algunas variaciones en diversos países del centro y del norte de Europa y entre los puritanos ingleses, de cuya emigración procede el puritanismo estadounidense), la omnisciencia divina conoce el destino de cada hombre; el hombre se salva no por sus buenas obras, sino porque ha sido elegido por Dios para ese destino. Por otra parte, las buenas obras son también una conducta prevista por Dios, de modo que los hombres destinados a la salvación están también destinados a llevar una vida recta.

    Paradójicamente, en lugar de conducir a la inacción, esta doctrina tuvo un efecto profundamente moralizador entre los creyentes, que, por decirlo de algún modo, se afanaron en alcanzar un absoluta integridad moral que les permitiese suponer que figuraban en el grupo de los elegidos para la salvación. El propio Calvino prescribió el rigor moral y, frente a cualquier tipo de ociosidad o apartamiento del mundo, la esforzada dedicación al trabajo; otro aspecto doctrinal de gran relevancia para el desarrollo económico fue aceptar, en contraste con el catolicismo, la legitimidad de los préstamos con interés.

    Para los calvinistas y los puritanos, impulsados especialmente por su rigidez a dar a todas las cosas humanas un significado sagrado y a obtener de este significado la confirmación de su fe en ser elegidos para la salvación, el trabajo y su organización racional se convierten en un orden que ha de instaurarse en la realidad y en la vida, orden que, para el calvinista, es una fe y una misión, es la ejecución de la voluntad divina. Dedicado al trabajo y a los negocios, el hombre organiza y racionaliza el trabajo y la producción, enriquece la vida humana e interpreta su victoria comercial del mismo modo que sus logros en el autoperfeccionamiento moral: como indicios de la elección de Dios, de que Dios ha decidido su salvación y la de su familia y estirpe.

    La meta no es la acumulación del capital, ni la satisfacción y alegría que pueda producir; pero, sin ser un fin en sí misma, esa meta orienta la organización de la vida. La obra del moderno hombre de negocios tiene así un fundamento religioso; la organización y la lucha comercial están estrechamente ligadas a una visión del mundo según la cual los más activos, los mejores (en suma, los elegidos) organizan, producen y enriquecen, en tanto que los otros, los no elegidos, pierden fatalmente sus batallas, declinan y decaen.

    Con estas conclusiones, la vida social y económica se revela, en la filosofía de Weber, como determinada por elementos irracionales e imprevisibles, y la historia se manifiesta como un proceso mucho más complejo que el descrito por el marxismo, no reductible al esquema de la lucha de clases como motor de la historia. En el seno mismo de los hechos económicos más típicos, tales como el capitalismo, tienen una importancia predominante la visión de la vida y los factores psicológicos. Hasta el mismo capitalismo puede entenderse como una religión, la religión de la actividad y de la victoria, típicamente ligada a la concepción occidental de la vida; su opuesto no es tanto el espíritu proletario y comunista como el espíritu aristocrático de la renuncia y de la contemplación.

    En estos contrastes, la obra de Weber adquiere un significado que sobrepasa los límites netamente sociológicos y económicos. Frente a las actitudes de pasividad y renuncia, el porvenir de la civilización está basado en la forma activa, aunque limitada e injusta, de la vida moderna. De esta manera Weber anuncia, en algunas atrevidas concepciones políticas, una organización político-social en la que se reconoce como fundamental el principio del jefe, del "Führer", al que la masa se confía reconociendo en él al exaltador y realizador de sus propios instintos de fuerza. Sin embargo, esta visión no excluye una clase política dirigente, de la misma manera que no admite una política imperialista sino después de alcanzar una unidad social y nacional. Por ello fue Weber, durante la guerra europea, uno de los críticos más clarividentes de la política alemana en general y de la política de Guillermo II en particular, y defendió el parlamentarismo en obras como Parlamento y gobierno en una Alemania reorganizada (1918).

    fuente : www.biografiasyvidas.com

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    Santiago 4 month ago
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