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    lee el siguiente fragmento y muestra el concepto general que debe encabezar el mapa conceptual. “podría decirse que los virus se encuentran en el límite entre lo vivo y lo inerte. aunque no pueden sobrevivir por sí solos, funcionan como una especie de biorrobots que buscan un ser vivo para replicarse. en esencia, son pequeños pedazos de arn o adn que suelen estar encapsulados en una envoltura hecha de proteínas o por una membrana que construyen con material extraído de la célula a la cual infectan”.

    Santiago

    Chicos, ¿alguien sabe la respuesta?

    obtenga lee el siguiente fragmento y muestra el concepto general que debe encabezar el mapa conceptual. “podría decirse que los virus se encuentran en el límite entre lo vivo y lo inerte. aunque no pueden sobrevivir por sí solos, funcionan como una especie de biorrobots que buscan un ser vivo para replicarse. en esencia, son pequeños pedazos de arn o adn que suelen estar encapsulados en una envoltura hecha de proteínas o por una membrana que construyen con material extraído de la célula a la cual infectan”. de este sitio.

    Robots emocionales: la empatía de las máquinas

    Cómo se empieza a desarrollar una nueva generación de autómatas que podrían entender y expresar estados de ánimo

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    Robots emocionales: la empatía de las máquinas

    Guillermo Cárdenas Guzmán

    Científicos e ingenieros desarrollan una nueva generación de autómatas capaces no sólo de entender nuestro lenguaje natural, sino de interpretar y expresar estados anímicos. ¿Podremos algún día reír y llorar con ellos?

    En su famosa novela ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? el escritor de ciencia ficción Philip K. Dick describe a unos asombrosos autómatas llamados Nexus 6 que en su comportamiento, apariencia e inteligencia son casi idénticos a los seres humanos. La obra ha sido adaptada para dar forma a dos películas tituladas Blade Runner. La original salió en 1982 y su secuela, Blade Runner 2049, se estrenó el año pasado. Además de tener mayor fuerza y agilidad, los androides —que en la pantalla grande se llaman “replicantes”— pueden imitar nuestras habilidades físicas e intelectuales como el movimiento o el habla, pero son incapaces de expresar emociones. Esta limitante da la pauta al protagonista de la novela, Rick Deckart, para distinguir de los humanos a este linaje de androides —que se han convertido en una amenaza para la Tierra—. Una prueba psicológica que mide la empatía le facilita esta tarea, pues los Nexus 6 no tienen sentimientos y se muestran indiferentes al gozo o sufrimiento de los seres vivos. Los robots que Philip K. Dick imaginó en 1968 siguen siendo un desafío para los expertos en robótica. Como lo resumió el pionero en inteligencia artificial Marvin Minsky en su libro Society of Mind, las emociones son tan esenciales, que en vez de plantear si un robot podría tenerlas, más bien debemos preguntarnos si una máquina carente de ellas sería realmente inteligente.

    De las cosas a las personas

    Gracias a las nuevas tecnologías de cómputo los robots industriales están presentes en todas partes: líneas de ensamble de autos, quirófanos, y hasta en otros planetas, como el vehículo Curiosity, que desde 2012 recoge y analiza muestras del suelo marciano (véase ¿Cómo ves? No. 178). En cambio los robots con habilidades sociales y comunicativas son escasos. Si bien en países avanzados como Japón y Estados Unidos ya se fabrican algunos modelos capaces de interactuar con los humanos, como Kismet y Jibo, aún estamos lejos de tener Arturitos (como en La guerra de las galaxias) o robotinas (como en Los supersónicos) que nos escuchen y asistan en la escuela, el hogar o los hospitales.

    Como escribió la investigadora Cynthia Breazel, del Laboratorio de Inteligencia Artificial del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), “la robótica se ha ocupado más de la interacción con las cosas que con las personas”. Pero las cosas han empezado a cambiar en las últimas décadas. Conscientes de que los robots industriales son “máquinas ciegas” que actúan en forma repetitiva conforme a programas específicos, como afirma Humberto Sossa Azuela, del Centro de Investigación en Computación del Instituto Politécnico Nacional (CIC), muchos expertos buscan romper ese paradigma. El desafío es grande, pues un autómata con las características definidas por Minsky debería identificar patrones en forma óptima, usar lo que llamamos sentido común y experimentar emociones que lo lleven a tomar decisiones, resume Sossa, jefe del Laboratorio de Robótica y Mecatrónica del CIC. Jesús Savage Carmona, titular del Laboratorio de BioRobótica de la Facultad de Ingeniería de la UNAM, plantea por su parte que un robot con estas características debe tener sistemas que le permitan reconocer expresiones faciales, voces y entonaciones, además de responder de acuerdo con los estados de ánimo de su interlocutor. “Debe ser capaz de identificar no sólo lo que dice una persona, sino su estado de ánimo”.

    Eduardo Bayro Corrochano, quien junto con su equipo del Centro de Investigación y Estudios Avanzados (Cinvestav) Unidad Guadalajara desarrolla robots humanoides, explica que en primer lugar estas máquinas deben ser suficientemente robustas en sus componentes electromecánicos para alojar programas de reconocimiento o aprendizaje. El siguiente paso es diseñar circuitos específicos para reproducir los procesos mediante los cuales un individuo incorpora información de su medio y adquiere conocimientos. Estos circuitos pueden basarse en la fisiología del sistema nervioso humano.

    De la razón a la emoción

    Para Humberto Sossa uno de los mayores obstáculos para producir robots con emociones es que éstos deben tener capacidades similares a las del cerebro humano.

    El enfoque tradicional para la fabricación de robots, llamado de arriba hacia abajo, está basado en seguir reglas de operación que les permiten a las máquinas resolver cierto tipo de problemas complejos que la mente humana no podría procesar. El ejemplo típico es la computadora Deep Blue de la compañía IBM, que en 1997 derrotó al campeón mundial de ajedrez Gary Kasparov. Esta máquina podía analizar hasta 200 millones de posiciones del tablero por segundo y anticipar la próxima jugada de su rival humano. Si clasificamos su desempeño lógico, Deep Blue resulta un prodigio. Su “fuerza bruta” residía en su capacidad de cálculo; sin embargo, su nivel de inteligencia emocional (si extrapolamos la definición del psicólogo Daniel Goleman a la robótica) sería nulo.

    Para superar esta limitante, Sossa Azuela propone usar otro enfoque para el diseño y construcción de máquinas inteligentes: el de abajo hacia arriba, basado ya no sólo en el seguimiento de algoritmos o fórmulas, sino en el aprendizaje. “Tenemos que proponer nuevos modelos de redes neuronales que se aproximen más al funcionamiento de las neuronas humanas, que operan en forma colaborativa”.

    fuente : www.comoves.unam.mx

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    Santiago 2 month ago
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