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    implicaciones socioculturales de la movilidad poblacional.

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    El impacto social de la movilidad humana

    Este artículo reflexiona sobre el balance de costes/beneficios de la movilidad en las sociedades, tanto emisoras de población como receptoras.

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    El impacto social de la movilidad humana

    El impacto social de la movilidad humana Una visión no dicotómica del cambio cultural e individual

    doi: 10.7203/metode.81.3269

    21/05/2014 Edelia Villarroya Download PDF

    Este artículo reflexiona sobre el balance de costes/beneficios en las sociedades, tanto emisoras de población como receptoras, y en las personas que las componen. Se trabaja en todo momento desde la doble perspectiva grupal/individual. Se describe el proceso dinámico de cambio y el impacto del cambio cultural e individual producido por la aculturación. Todo esto salpicado por algunas reflexiones desde una sociedad nómada como la nuestra.Palabras clave: migraciones, personalidad, cambio, impacto social, impacto psicológico.

    Estabilidad y cambio social

    Frente a los retos que, como sociedad en general y como comunidad académica en particular, nos traza el continuo flujo e intercambio de personas en nuestras más que permeables fronteras, nos preguntamos cuál es nuestra respuesta ante tan nuevas y tan viejas cuestiones. Es conocido por todos que ahora son nuestros jóvenes, nacidos o no aquí, «los que se marchan» o, al menos, piensan en marcharse. Sin embargo, en los imaginarios sociales, mucho menos flexibles que la realidad de los datos, se siguen cargando las tintas contra «los que llegaron», sin tener en cuenta el respeto al derecho a emigrar inherente a la naturaleza humana. Derecho que se fundamenta en ofrecer posibilidades de supervivencia y mejora a todos los seres humanos.

    «En los imaginarios sociales, mucho menos flexibles que la realidad de los datos, se siguen cargando las tintas contra los inmigrantes»

    Quizá esta nueva disyuntiva frente a la inmigración, que desde hace unas décadas vive nuestro país (la del nosotros, los de aquí, frente a vosotros), se nutre en la vieja de sedentarios frente a nómadas y los conflictos que se causaban a su costa. La reflexión propicia sería plantearse hasta qué punto somos nómadas y sedentarios al mismo tiempo o más bien si somos nómadas por naturaleza. Y de ahí surgen otras preguntas cruciales: ¿Hasta qué punto tienen cabida estas dicotomías –sedentarios/nómadas, inmigrantes/autóctonos, nacionales/extranjeros– en el siglo de la universalidad y de una pretendida globalización? ¿Se puede transitar sin coste alguno a la «aldea común»? Algunos informes nos pueden dar luz sobre la movilidad humana frente al sedentarismo en nuestro planeta. Los datos de 2011 aportados por el Banco Mundial acaban con la asunción de la migración sur-norte como única dirección del flujo migratorio. Aunque fue la más importante en las últimas dos décadas, parece que ha sido superada por la migración sur-sur (véase tabla 1).

    Tabla 1. Datos sobre migración y remesas en 2011. «Sur» se refiere a países de ingreso bajo y mediano («países en desarrollo») según la definición de la clasificación de países del Banco Mundial. Fuente: Banco Mundial, 2011

    Tras analizar estas cifras podríamos mantener la idea de un sedentarismo «natural» en el ser humano y preguntarnos hasta qué punto lo estadísticamente «normal» es moverse del lugar de origen. Parece, sin embargo, que no todos los individuos son sedentarios, o al menos no lo son en una parte productiva y reproductiva de sus vidas. Si asumimos que las sociedades están conformadas por grupos de individuos que comparten una cultura (entendida como productos culturales, valores, normas y reglas sociales secundadas por el grupo de individuos), ¿en qué medida se puede afirmar que las sociedades son sedentarias en su mayoría y las culturas que comparten inamovibles?Más bien deberíamos pensar al ser humano como nómada, a las sociedades en continua reposición de individuos y a las culturas en perenne cuestionamiento y regeneración. Enemiga directa de esta posibilidad de cambio en la perspectiva es la admisión de que nos gusta la estabilidad. Lo inamovible y arraigado nos aporta seguridad. Mi hipótesis de trabajo desde hace años parte de esta asunción, aunque formulada como: «no nos gusta el cambio o el cambio nos sienta mal».

    Prima facie, se desprenden dos argumentaciones, una más atávica que apela al miedo a lo desconocido y otra, subsumida en esta, que es el desagrado implícito a la pérdida de control sobre sí mismo (y sus circunstancias). También se trabaja a dos niveles de análisis: el poblacional y el individual. La necesidad de seguridad y el miedo a lo desconocido pueden ser la base del rápido crecimiento de los prejuicios a nivel grupal, pero a nivel individual también producen efectos colaterales. Por eso aquí se van a tratar brevemente los efectos del cambio y sus posibles indicadores, tanto desde niveles de análisis poblacionales como individuales. Para terminar, abordaremos una última reflexión que intentará dilucidar si los cambios a nivel de población sientan las bases para el cambio individual o si son los cambios individuales los que modulan los efectos sobre el impacto de los sociales y si se trata de un proceso público o privado. Somos conscientes de que las relaciones e implicaciones entre ambos niveles están poco estudiadas. Faltaría, pues, un mayor conocimiento de los vínculos entre las partes psicológicas y culturales en el proceso del cambio aculturativo. Como afirmaban recientemente Berry et al. (2011), la psicología transcultural del siglo xxi debería hacer esfuerzos en esta línea.

    fuente : metode.es

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    Implicaciones socioculturales de la movilidad poblacional

    fuente : infogram.com

    La movilidad humana como movilidad social ascendente.

    El mundo está en movimiento. La movilidad es una característica intrínseca del ser humano y ha moldeado la civilización desde sus etapas más tempranas. Sin embargo, en la actualidad es percibida desde una perspectiva sesgada, centrada en los aspectos negativos y frecuentemente usada con fines políticos.

    La movilidad humana como movilidad social ascendente.

    El mundo está en movimiento. La movilidad es una característica intrínseca del ser humano y ha moldeado la civilización desde sus etapas más tempranas. Sin embargo, en la actualidad es percibida desde una perspectiva sesgada, centrada en los aspectos negativos y frecuentemente usada con fines políticos. En general, los países suelen construir una retórica contraria a la migración y que luego se manifiesta en las políticas públicas como intentos de contenerla y restringirla. No obstante, la movilidad humana reporta enormes beneficios, no solo para las personas que migran, sino también para las sociedades que las reciben. En este contexto, ¿estamos entendiendo la movilidad humana desde una perspectiva integral? Un abordaje de los distintos aspectos que caracterizan el fenómeno podrá dar las claves para transformar la movilidad en una fuente de prosperidad, potenciando sus características positivas a la vez que minimizando los riesgos asociados al proceso migratorio. En otras palabras, nadar a favor de la corriente, porque cansa menos y rinde más.

    La dimensión de la movilidad humana

    Según datos del Migration Data Portal, en 2017 existían en el mundo 257,7 millones de personas migrantes internacionales. Dicho de otro modo, el 3,4% de la población mundial reside de forma permanente o transitoria en un país distinto de su origen. Si bien la mayoría de los habitantes del planeta viven en su país de nacimiento a lo largo del tiempo, las personas migrantes internacionales han aumentado, no solo en número sino también en proporción: en 1990, la población migrante internacional era del 2,9%. Y la tendencia está en crecimiento.

    En principio, al hablar de movilidad humana también hay que considerar a las personas que se trasladan fuera del lugar donde nacieron, pero que no cruzan las fronteras de su país. Estimaciones del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) del 2009 indican que existen 750 millones de personas migrantes internas, número que hoy sin dudas es una subestimación. Entonces, los datos indican que la gran mayoría de las personas que se mueven, lo hacen dentro de las fronteras de su propio país.

    A Flourish data visualization

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    Dentro de este amplio espectro, hay una variedad de contextos, situaciones y rutas que hacen de la movilidad un fenómeno altamente complejo. Para comenzar a comprenderla, es necesario describir una dinámica que involucra muchos factores. Son numerosas y muy diversas las razones por las que las personas migran hacia otros países o dentro de su propio territorio: desde la búsqueda de más y mejores oportunidades laborales y académicas hasta la supervivencia de quienes escapan de la violencia y los desastres naturales. En este proceso hay un territorio de origen, uno de tránsito y uno más de destino. Y, en muchas ocasiones, también hay un territorio de regreso, lo cual implica todo un proceso de readaptación. La movilidad da cuenta de una combinación de procesos de expulsión y de atracción y eso hace que el número de personas migrantes internacionales varíe mucho de un país a otro.

    Según datos del International Migration Report 2017, elaborado por Naciones Unidas, más del 60% de la población de personas migrantes internacionales vive en Asia o en Europa. A la vez, 106 de los 258 millones de migrantes internacionales nacieron en Asia. Por otro lado, el principal país de destino de los migrantes internacionales, desde 1970, es Estados Unidos, que tiene una población de 50 millones de habitantes originarios de otros territorios. Le siguen Arabia Saudita, Alemania y Rusia, con alrededor de 12 millones cada uno. Rusia también es el tercer país en orden de importancia de origen de la movilidad internacional, con 11 millones de personas. La India y México son los dos principales, con 17 y 13 millones de personas respectivamente. Estas cifras, lejos de ser estáticas, están en movimiento constante. De un año a otro, la realidad puede cambiar y de hecho cambia, por lo que disponer de cifras actualizadas es un gran desafío. Estos datos reflejan el hecho de que la movilidad es un fenómeno de alta complejidad.

    Si se observa con más detalle la población de personas migrantes internacionales, resulta que el 52% son varones y el 48% son mujeres. Sin embargo, cada vez hay más mujeres trabajadoras migrantes, debido al aumento del trabajo del cuidado y de la demanda de trabajo en donde tradicionalmente no se empleaban mujeres.

    Las dinámicas cambian con tal velocidad que los números solo pueden ser tomados como aproximaciones. Además, es importante tener en cuenta que los valores que describen el fenómeno de la movilidad son mínimos, ya que existen vacíos de datos y falta de registros, muchas veces debido a las condiciones en las que ocurre la migración. Condiciones que, en última instancia, afectan no solo la vida de las personas que migran, sino también la de sus familias.

    A Flourish chart

    La movilidad como fuente de prosperidad

    Históricamente, la movilidad se ha asociado con el acceso a los medios de sustento. En la actualidad, el trabajo sigue siendo una de las principales motivaciones que impulsan a las personas a trasladarse fuera de sus territorios. Hacia el 2013, había 150,3 millones de personas trabajadoras migrantes, es decir, más de dos tercios de la población total de personas migrantes internacionales. Frecuentemente, las personas trabajadoras migrantes van en busca de mayores y mejores oportunidades laborales que las que pueden encontrar en su país de origen y muchas veces son el principal (o incluso el único) sostén de sus familias. Según estimaciones del Banco Mundial, las remesas que las personas migrantes envían a sus países de origen se incrementaron, de 126.000 millones de dólares en el año 2000 a 575.000 millones en el 2016, solo en los Estados Unidos. Además, dos de cada tres personas migrantes laborales residen en países de ingresos altos.

    fuente : www.avina.net

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    Santiago 3 month ago
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