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    Santiago

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    El primer código legal de la Humanidad fue escrito... en piedra

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    El rey Hammurabi, de Babilonia; en la foto pequeña la estela de basalto en la que aparece, de pie, el rey, y sentado el dios Samash, que le entrega las insignias reales.

    Portada / Divulgación

    El primer código legal de la Humanidad fue escrito… en piedra

    Yolanda Rodríguez - Carlos Berbell

    En la Antigüedad, eran los dioses quienes dictaban las leyes a los hombres –o eso pensaban aquellos hombres y mujeres, antepasados nuestros-. Por eso, las leyes eran consideradas sagradas y los primeros jueces, sacerdotes.

    El primer texto legal de la Humanidad fue escrito sobre una gran estela de basalto negro de más de dos metros de alto.

    Es el Código de Hammurabi, que fue cincelado hacia el 1700 antes de nuestra era –o, como se decía antes, antes de Cristo.

    Representa exactamente eso, al rey Hammurabi de Babilonia recibiendo de Samash, dios del Sol y la justicia, las leyes que se debían cumplir para fomentar el bienestar entre las gentes.

    Hammurabi fue el sexto rey de Babilonia, una ciudad-estado que se encontraba al sur en lo que hoy es Irak. Y reinó en el siglo XVIII antes de nuestra era.

    Su código legal marcó un antes y un después en la aplicación de las leyes. Porque, por primera vez, grabó en piedra la ley, como demostración de su inmutabilidad y su origen divino.

    ARREBATÓ EL PODER JUDICIAL A LOS SACERDOTES

    También fue, hay que decirlo, una maniobra muy inteligente para arrebatar el poder judicial que, hasta ese momento, ejercían los sacerdotes. Hammurabi decretó que la administración de justicia la llevaran sus funcionarios.

    El rey ordenó colocar la estela de basalto, conteniendo el código -una recopilación de todas las leyes civiles y penales existentes- en el centro de su capital, para que todo el mundo pudiera verlo, aunque pocos podían leerlo, porque el analfabetismo era generalizado. Estaba escrito en akkadian, la lengua de Babilonia.

    Pero no fue la única. Se hicieron varias copias, que se distribuyeron por todo el reino, para impedir que los ciudadanos se tomaran la justicia por su mano, aunque esta es la única que se conserva.

    Consta de un prólogo, 282 leyes y un epílogo, donde se regula la vida social y económica en todos sus aspectos, estableciendo un riguroso e implacable sistema penal, basado por lo general en la conocida “Ley del Talión”, o lo que es lo mismo “ojo por ojo, diente por diente”.

    LA PENA DE MUERTE ERA FRECUENTE PARA DELITOS MENORES

    Así, quien cometía un delito era sancionado con un castigo similar al daño ocasionado.

    Según el Código, por ejemplo, “Si un hombre destruye el ojo a otro hombre, se le destruirá el ojo”, “Si un hombre destruye el hueso a otro hombre, se le romperá un hueso a él”, o “Si un hijo pega a su padre se les cortarán los dedos”.

    La pena de muerte era frecuente aún para delitos menores, como la vagancia o los falsos testimonios, entre otras cosas.

    También había castigos para los constructores de casas: “Si un constructor levanta una casa para un hombre y no la hace firme, y la casa que ha construido se derrumba y causa la muerte a su propietario, el constructor será ejecutado. Si causara la muerte de un hijo del propietario de la casa será ejecutado un hijo del constructor. Si causara la muerte de un esclavo, le entregará al propietario un esclavo de igual valor”.

    A pesar de que ahora, este Código nos parezca cruel, e incluso brutal, por establecer el principio de proporcionalidad de la venganza, es decir, la relación entre la agresión y la respuesta, en su momento supuso una innovación, ya que era una forma eficaz de contención contra la venganza sin límite a la que anteriormente estaban sometidas las personas.

    Antes, sin la existencia de ley escrita, era fácil que cada juez-sacerdote actuase como más le conviniera, aplicando el castigo que su estado de humor le dictara en cada momento.

    Detalle de la escritura cuneiforme del Código, que reúne los preceptos civiles y penales del momento.

    SU ECO SE SIENTE EN OTRAS CIVILIZACIONES POSTERIORES

    La repercusión del Código en la historia del Derecho es indudable. Muchos de sus preceptos son recogidos en las legislaciones de hebreos, griegos y romanos.

    Además, su percepción de que la Ley se consolida y conoce gracias a la escritura pervive hoy en la mayoría de los sistemas jurídicos modernos.

    Este Código de Hammurabi que aparece en la foto que encabeza este artículo fue encontrado en Persia en 1901. Se desconoce su procedencia. Actualmente se halla en el Museo del Louvre; es una de las maravillas que nos ha legado la antigüedad y uno de las primeras iniciativas legislativas de una Humanidad que comenzaba el camino de la civilización.

    En esta noticia se habla de:

    El Código de Hammurabi

    pena de muerte

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    fuente : confilegal.com

    Introducción a la metodología de las ciencias jurídicas y sociales / Carlos E. Alchourrón, Eugenio Bulygin

    Visor de obras.

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    7. Sistemas jurídicos

    Hemos definido el sistema normativo como sistema deductivo que tiene consecuencias normativas, para lo cual es necesario que en la base del sistema figure por lo menos un enunciado normativo. Se nos plantea ahora el problema de la definición del sistema jurídico, como subclase de sistemas normativos.

    El procedimiento habitual consiste en definir el sistema jurídico a partir de la norma jurídica, es decir, primero se da una definición de norma jurídica, caracterizando su esencia o naturaleza, y luego se define el sistema jurídico como el conjunto de las normas jurídicas. De tal manera resulta que un sistema es jurídico porque contiene normas jurídicas. Nuestro propósito es proceder exactamente al revés: dar una definición de sistema jurídico y luego caracterizar como jurídicas las normas que forman parte de ese sistema. En otras palabras, en vez de definir el todo (sistema) en función de sus partes (normas), definiremos las partes en función del todo.

    La razón de este giro (no se sabe bien, si copernicano o ptolomeico) ha de buscarse en nuestro escepticismo respecto de la viabilidad del otro procedimiento. Las dificultades con que tropieza el intento de definir la norma jurídica con independencia del sistema surgen con toda claridad en la Teoría Pura del Derecho, que provee un excelente ejemplo en este sentido.

    Kelsen define la norma jurídica como la norma que establece una sanción coercitiva (esto es, impuesta por la fuerza en caso de resistencia) y socialmente organizada (es decir, ejecutada por los integrantes del grupo social). La presencia de la sanción (de la clase indicada) es lo que confiere a la norma su carácter jurídico y constituye, por lo tanto, la esencia de la juridicidad. Una definición del derecho que no tomara en cuenta -como característica definitoria- la sanción, no sería satisfactoria para Kelsen porque no permitiría distinguir entre las normas jurídicas y otras normas sociales61.

    —104→

    La idea de que el derecho está íntimamente ligado a la sanción no es nueva y es compartida en una u otra forma por casi todos los filósofos del derecho; pero Kelsen es el autor que más consecuentemente ha desarrollado esa idea al erigir la sanción en característica definitoria de cada una de las normas jurídicas. De ahí que para Kelsen todas las normas jurídicas tienen una estructura o forma común: todas prescriben sanciones.

    Ahora bien, toda teoría monista que sostiene que todas las normas jurídicas responden a un esquema uniforme y que el derecho es el conjunto de normas así caracterizadas debe dar cuenta del hecho de la diversidad de enunciados que suelen figurar en los códigos, leyes, decretos, constituciones y demás textos legales. El más leve examen muestra que no todos los enunciados que figuran en tales textos son normativos (en el sentido de que expresen normas de conducta que prescriban acciones o actividades) y los que lo son no siempre establecen sanciones. De hecho, sólo algunos artículos del Código Penal (en su parte especial) se ajustan directamente al esquema kelseniano. Todo o casi todo el resto de las disposiciones jurídicas no responde prima facie al esquema canónico y debe ser objeto de una reconstrucción. La tarea de la reducción de los enunciados jurídicos a la forma canónica es una tarea básica de toda teoría monista y Kelsen es bien consciente de ese problema.

    En los escritos de Kelsen se pueden rastrear dos respuestas distintas al problema que nos ocupa. La primera es considerar todos los enunciados que no responden a la forma canónica como normas incompletas o fragmentos de normas62. Tuvimos ya la oportunidad de señalar los defectos de esta teoría (cfr. supra, Sec. 5), que desdibuja totalmente la noción de norma jurídica, pues no provee ningún criterio de identidad para las normas. Kelsen mismo admite tácitamente la insuficiencia de la teoría de la norma incompleta al sustituirla en la última versión de su Teoría Pura63 por lo que vamos a denominar teoría de la norma no independiente. Esta teoría constituye una respuesta mucho más refinada al problema planteado, pero -como veremos en seguida- lleva a conclusiones sorprendentes y totalmente incompatibles con la tesis originaria de Kelsen.

    —105→

    La teoría de la norma no independiente, en lugar de considerar los enunciados (normativos o no) que no establecen sanciones como fragmentos de otras normas, los concibe como entidades distintas, aunque no independientes, de las normas jurídicas propiamente dichas y las llama «normas no independientes». Kelsen examina nada menos que cinco ejemplos de tales normas no independientes64 (sin decir si la enumeración es taxativa o meramente ejemplificativa):

    1º) Normas que prescriben (ordenan) conductas sin establecer sanciones (es decir, normas que en su anterior terminología Kelsen calificaría de secundarias).

    2º) Normas que permiten conductas.

    3º) Normas que autorizan a dictar otras normas, es decir confieren potestad jurídica (normas de competencia).

    4º) Normas derogatorias (que limitan el ámbito de validez de otras normas o suprimen del todo su validez).

    5º) Normas que aclaran el sentido de otras normas, por ejemplo, al definir un concepto que aparece en ellas.

    Todas estas normas no independientes sólo tienen carácter jurídico porque están en una conexión esencial (sic, cfr. R. R. L., p. 51) con las normas que establecen sanciones. En otras palabras, Kelsen se ve obligado a reconocer que no todas las normas que integran un orden jurídico establecen sanciones y las que no lo hacen sólo reciben su carácter jurídico por el hecho de formar parte del orden coactivo, esto es, un sistema que contiene -además- normas sancionadoras.

    fuente : www.cervantesvirtual.com

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    Santiago 2 month ago
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