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    es el grupo que, al finalizar la guerra de independencia de la nueva españa, proponía que el país tuviera una organización política y económica a partir de una república de corte liberal.

    Santiago

    Chicos, ¿alguien sabe la respuesta?

    obtenga es el grupo que, al finalizar la guerra de independencia de la nueva españa, proponía que el país tuviera una organización política y económica a partir de una república de corte liberal. de este sitio.

    Guerras de independencia hispanoamericanas

    Solemos invitar al mundo a crear la suma de todo el conocimiento humano. En esta ocasión, invitamos al mundo a crear el sonido de todo el conocimiento humano.

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    Guerras de independencia hispanoamericanas

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    Guerras de independencia hispanoamericanas

    Parte de descolonización de América y revoluciones atlánticas

    Arriba: Batalla de Tampico de 1829.

    Al medio a la izquierda: el congreso de Cúcuta de 1821.

    Al medio a la derecha: el cruce de los Andes de 1817.

    Abajo: sublevación de la Grande Expedición por Rafael del Riego de 1820.

    Fecha 25 de septiembre de 1808-29 de septiembre de 18331​

    Lugar Hispanoamérica

    Resultado

    Victoria independentista.

    Creación de nuevos Estados en América.

    España pierde la mayor parte de sus territorios en América.

    Beligerantes

    Realistas

    Imperio Español Independentistas

    Primer Imperio Mexicano

    Provincias Unidas del Río de la Plata

    República de Venezuela

    Provincias Unidas de Nueva Granada

    Chile

    Republiquetas del Alto Perú

    Independentistas dominicanos

    Protectorado del Perú

    Estado de Quito

    Provincia Libre de Guayaquil

    Paraguay

    Estado Independiente de Haití Español

    República de Florida Oriental

    República de Florida Occidental

    República de las Floridas

    Comandantes mostrar Realistas mostrar Independentistas Unidades militares

    Ejército Realista Ejércitos Independentistas

    Fuerzas en combate

    ± 35 000 realistas nativos2​

    ± 40 000 realistas españoles ± 130 000 independentistas nativos3​ españoles4​

    Bajas

    Muertos

    ± 34 400 españoles5​

    ± 35 000 nativos2​ Muertos

    ± 250 000 nativos en Nueva España5​

    ± 320 000 nativos en Nueva Granada5​

    [editar datos en Wikidata]

    Las guerras de independencia hispanoamericanas fueron una serie de conflictos armados entre 1809 y 1829, que se desarrollaron en los territorios americanos del Imperio español a principios del siglo XIX, en los cuales se enfrentaron el bando a favor de la independencia, también denominado revolucionario o patriota, contra el bando a favor de mantener la integridad de la Monarquía española,6​ que se conocería más tarde como realista o virreinal.

    En 1808, Napoleón secuestra a los reyes españoles que abdican en Bayona. En 1810, el vacío de poder conduce a una revolución liberal en América y España que terminan con el Antiguo Régimen. El rey es despojado de soberanía que se disputa entre las cortes de Cádiz y las juntas americanas en un conflicto de alcance continental. En 1814, Napoleón es derrotado, firma el tratado de Valençay, Fernando VII recupera el poder en España, impone el absolutismo, reprime a los liberales españoles, pero no consigue derrotar a los revolucionarios americanos. En 1820, la rebelión de Riego o del Trienio Liberal acaba con el apoyo militar de la metrópoli y la resistencia española en América se desmorona. Los independentistas americanos obtienen sus principales victorias y consolidan su independencia. Según la postura historiográfica, estos conflictos además de guerras de independencia son considerados también guerras civiles7​8​ o bien, una combinación de diversas formas de guerras.9​14​

    El secuestro y abdicación de los reyes españoles da lugar a un vacío de poder y una revolución liberal en América y España. La revolución liberal española y los movimientos liberales de Hispanoamérica comienzan de formas políticas variadas, de acuerdo con las condiciones que imperaban en cada región, pero todos convergen en la soberanía popular y el Estado liberal.16​ Una postura historiográfica dice que las revoluciones hispanoamericanas tienen relación con la independencia de las colonias británicas de América del Norte en 1776, la Revolución francesa o la Revolución haitiana formando parte de las llamadas revoluciones atlánticas.

    El antecedente inmediato de la emancipación hispanoamericana es la invasión francesa de España en 1808, el secuestro de los reyes españoles, su abdicación y la imposición del rey José Bonaparte. El vacío de poder conduce a una revolución liberal en América y España. Entre 1808 y 1810 se instalaron muchas juntas de gobierno que ejercieron la soberanía en nombre del abdicado rey Fernando VII, tanto en la península ibérica, como en los territorios americanos. La resistencia de las juntas americanas a someterse a los gobiernos formados en España radicalizó las posiciones políticas. El establecimiento en las Cortes de Cádiz de un imperio unitario de hegemonía peninsular en ambos hemisferios, como en el Estatuto de Bayona, fue un punto de quiebre con las Juntas americanas que pedían el autogobierno; entonces se las declaró en rebeldía, comienza el conflicto armado entre el gobierno español y los americanos, y aparecen las primeras declaraciones de independencia.

    fuente : es.wikipedia.org

    Historia de la revolución de Nueva España

    [p. 564] ¿Por qué se está derramando tanta sangre en las Américas españolas? Ésta es la pregunta que hacen todos. ¿Quáles son los motivos de esa guerra civil, o sea entre españoles americanos y europeos? ¿Quáles son las razones de unos y otros para estar dando este escándalo a la Europa demasiado afligida con los males que le causa Napoleón? Ése mismo, respondo, es el autor de nuestros males con la ocupación de las Españas y las renuncias que arrancó a sus Reyes en Bayona. Hinc prima mali lab...

    Centro de estudios mexicanos y centroamericanos

    Centro de estudios mexicanos y centroamericanos Centre d´études mexicaines et centraméricaines

    Historia de la revolución de Nueva España. Libro XIII

    Apéndice de documentos

    HISTORIA DE LA REVOLUCIÓN DE NUEVA ESPAÑA

     | Fray Servando Teresa de Mier

    HISTORIA DE LA REVOLUCIÓN DE NUEVA ESPAÑA Historia de la revolución de nueva españa. Tomo II

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    Historia de la revolución de nueva España. Libro XIV

    p. 471-628

    TEXTE NOTES NOTES DE FIN

    TEXTE INTÉGRAL

    1

    [p. 564] ¿Por qué se está derramando tanta sangre en las Américas españolas? Ésta es la pregunta que hacen todos. ¿Quáles son los motivos de esa guerra civil, o sea entre españoles americanos y europeos? ¿Quáles son las razones de unos y otros para estar dando este escándalo a la Europa demasiado afligida con los males que le causa Napoleón? Ése mismo, respondo, es el autor de nuestros males con la ocupación de las Españas y las renuncias que arrancó a sus Reyes en Bayona. Hinc prima mali labes,1 como consta de la Historia que llevo escrita.

    2

    Resulta de ella que los españoles pretenden que los americanos, en calidad de sus colonos, sean tan dependientes de ellos que les obedezcan a su arbitrio, reciban de su mano la ley y no se puedan separar de la Península aun quando en la lucha actual quede sujeta a Napoleón. Porque el Virey Iturrigaray no procedió conforme a este plan quando la convulsión de España, sino que accedió a celebrar Juntas de las autoridades de la ciudad de México para proveer a su seguridad y la conservación de los derechos de Fernando [p. 565] VII1234 y estuvo inclinado a celebrar un congreso conforme lo permiten las leyes de Indias y ordenan las fundamentales de la monarquía, fue preso por una facción de europeos amotinados sin haberle procesado, depuesto sin habérsele oído, enviado como un criminal a España, donde fue encerrado en un castillo de Cádiz.

    3

    Los americanos, perseguidos por la misma causa que el Virey, pretenden ser independientes de los españoles en su gobierno económico, y sólo dependientes de su Rey, que, si falta, son dueños de gobernarse como les parezca, de la misma manera que los españoles sus iguales.5

    4

    Los europeos intentan abolir el pacto social que los americanos celebraron con los Reyes de España y sustituirles otro a su pesar que los ponga en absoluta dependencia de ellos, o hacerlos entrar por fuerza en una compañía leonina, [p. 566] en que todo el provecho sea para sus amos, y ellos no tengan otro recurso que venir en el corto número que les prescriban a llorarles como esclavos sus lacerías.

    5

    Los americanos, empujados por la dureza atroz, las continuas tiranías y exorbitantes injusticias con que para efectuar este plan se les ha tratado, pelean para sostener el pacto social de sus padres, adquirido con sus caudales, su sudor y su sangre ; y caso de hacerse uno nuevo quieren concurrir a celebrarlo en igual número y manera que los españoles, a los quales queden siempre iguales como lo son por sus leyes, y no inferiores. Éste es el resumen de la historia, éste es el punto de la disputa, ésta es la causa de la insurrección, éste es el motivo de la guerra.

    6

    Quando hablo yo del pacto social de los americanos, no hablo del pacto implícito de Rousseau, sobre el qual las Cortes de España han zanjado su Constitución, asentando por base que en la nación reside esencialmente la soberanía. Sobre estos principios ya los diputados americanos les han demostrado que, siendo las Américas partes integrantes de la nación, y sus habitantes iguales a los españoles en derechos, debían concurrir igualmente que éstos a formar el nuevo pacto social, y tener Juntas como las que éstos erigieron en España y sancionaron las Cortes. El Plan de paz presentado por la Junta Nacional de México nada presenta de nuevo, sino la progresión geométrica con que deduce de los principios de los españoles las mismas consecuencias que los diputados de América.

    7

    Sobre los mismos principios, un español, sevillano como Casas, que ha sabido elevarse como él sobre las preocupaciones de sus paysanos por la perspicacia de su talento, por la claridad de su juicio, por la rectitud e imparcialidad de su corazón y por la reunión más completa de las luces y el saber político, en una palabra, aquel que todo [p. 567] el mundo conoce por estas señas, el Dr D. José Blanco6, resumiendo quanto tenía dicho sobre lo ocurrido entre América y España en diversos números de su excelente Español, falla así por fin sobre el estado de la ques-tión y la guerra que España ha declarado a sus Américas :

    8

    «La guerra de España, dice, con sus provincias de América es injustísima por el modo en que fue declarada. Los americanos todos habían permanecido fieles y generosos con la Península en tanto que existió el primer gobierno que representaba a Fernando VII, obedeciéndolo religiosamente a pesar de sus nulidades. Quando este gobierno se vio disuelto y hecho el objeto de la execración de los pueblos de España, quando casi desapareció ésta a los ojos de los mismos que habitaban en ella, dos provincias de América se pusieron en el estado en que las de la Península se constituyeron quando se hallaron sin gobierno a la entrada de los franceses. Éste fue un paso tan legítimo como la insurrección de que justamente blasona España.

    fuente : books.openedition.org

    La Guerra de la Independencia y la organización política nacional antes de las Cortes de Cádiz

    Texto sobre la Guerra de la Independencia y su influencia en las Cortes de Cádiz

    La Constitución española de 1812

    Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes

    La Constitución española de 1812 Contexto histórico La Guerra de la Independencia y la organización política nacional antes de las Cortes de Cádiz

    La Guerra de la Independencia y la organización política nacional antes de las Cortes de Cádiz

    Las Juntas provinciales y la «reasunción de la soberanía»

    Durante la Guerra de la Independencia se produce en España un proceso político sin precedentes, que acelerará el paso del Antiguo Régimen al Liberalismo. Como hemos dicho, las abdicaciones de Fernando VII y Carlos IV en favor de Napoleón y el acatamiento de las órdenes del nuevo Gobierno francés por las instituciones y órganos centrales y periféricos del Reino -la Junta Suprema de Gobierno del Reino, el Consejo de Castilla, las Audiencias, las Capitanías Generales, etc. - serán rechazados por buena parte de la población española.

    Las provincias serán el marco propicio para acoger el poder político, a través de Juntas provinciales alzadas contra un Gobierno ilegítimo. Juntas revolucionarias, en cuanto que se sublevan a las autoridades establecidas, pero que se constituyen con el objeto de recuperar la legalidad fundamental, rota tras las abdicaciones de Bayona. En general, serán los ilustrados, algunos ya con tendencias liberales, los que las dirijan, pero a ellas se unirán representantes de todos los estamentos y clases sociales: nobles, absolutistas e ilustrados, intelectuales, universitarios, burgueses, autoridades municipales y provinciales, militares, clero y clases populares, estas últimas de manera muy importante, en un momento en el que su voz comienza a oírse en la Historia.

    Algunas de dichas Juntas partieron de instituciones tradicionales o apelaron a las mismas: Cortes de Reinos, Juntas Generales provinciales, Ayuntamientos, etc.(39). Y todas asumieron el poder para garantizárselo a su titular legítimo: Fernando VII. En efecto, dichas Juntas llevaron a la práctica la teoría difundida por la segunda escolástica española de la «traslatio imperii», según la cual la soberanía era otorgada por Dios al pueblo de forma inmediata y éste la transmitía al Monarca, que la obtenía así de forma mediata. Pero a ella se unían entonces las nuevas doctrinas del estado de naturaleza y el pacto social desarrolladas por el Iusnaturalismo racionalista y los ideólogos de la Revolución francesa, que llevaban a la soberanía nacional e incluso popular.

    La asunción de una u otra teoría no tenía trascendencia práctica inmediata, pero era fundamental para los acontecimientos futuros. O el pueblo, titular originario de la soberanía, transmitía al Rey sólo el ejercicio y se reservaba la titularidad, o le transmitía su titularidad y su ejercicio. Los que optaban por la traslación de la titularidad y el ejercicio se decantaban por la doctrina escolástica, aunque daban un paso más pues ésta no distinguía claramente entre titularidad y ejercicio de la soberanía. Ello permitía el levantamiento sin acudir a tesis revolucionarias, porque, en todo caso, en situaciones extraordinarias, como era el abandono del Trono en manos extranjeras, el pueblo recuperaba temporalmente la soberanía cedida. Los partidarios de considerar que la soberanía reside siempre en el pueblo, que en el pacto originario de la sociedad sólo traspasó el ejercicio, podrían acercarse a la teoría de la soberanía nacional, aunque también a la de la soberanía compartida. En todo caso, a través de la aplicación de una u otra teoría, de hecho, las Juntas ejercieron las más típicas prerrogativas de los soberanos: declaración de guerra a Francia, acuerdo de paz con Gran Bretaña, imposición de tributos, aprobación y derogación de leyes y formación de ministerios o comisiones de gobierno. Y, en fin, estos debates manifiestan de forma clara la época de transición hacia la declaración de la soberanía nacional formulada en el Decreto de las Cortes de Cádiz de 24 de septiembre de 1810 y luego en la Constitución de 1812 (artículo 3)(40).

    La concentración del poder gubernativo en la Junta Central y la convocatoria de Cortes

    La asunción de poderes legislativos, ejecutivos y judiciales por las Juntas provinciales posibilitó, en mayor o menor medida, la organización de los distintos territorios y la lucha armada, pero pronto, casi inmediatamente, se sintió la necesidad de volver a concentrar el poder político para vencer a los franceses y reconstruir el Estado.

    Hasta agosto de 1808, el Consejo de Castilla no declaró nulas las abdicaciones de Bayona y todas las actuaciones del Gobierno francés(41). Y es entonces cuando rescata la orden que le había encomendado Fernando VII, antes de su abdicación, para convocar Cortes Generales del Reino «en el paraje que pareciese más expedito, que por de pronto se ocupasen únicamente en proporcionar arbitrios y subsidios necesarios para atender a la defensa del reino, y que quedasen permanentemente para lo demás que pudiese ocurrir»(42). Pero, las Juntas provinciales desconfiaban de dicho Consejo, tras su sometimiento a los franceses, y, en todo caso, se consideraban legitimadas para decidir sobre la recomposición del Gobierno central. De hecho, desde mayo, habían propuesto distintas iniciativas y llevado a cabo diferentes ensayos de unificación política.

    Así, en Asturias, Álvaro Flórez Estrada propuso, el 11 de junio, la convocatoria de unas Cortes, ya muy distintas a las tradicionales del Reino, compuestas de representantes de cada provincia que, unidos, representarían al pueblo español, que había reasumido la soberanía, aunque «sin perjuicio de los derechos que tengan las ciudades de voto en Cortes». De nuevo, tradición y cambio en una época de debate y oportunidad histórica única para decidir sobre la constitución del Estado(43). Finalmente, se optó por la formación de un Gobierno o Junta Central que, más adelante, nombraría una Regencia -lo que se consideraba más acorde con la legalidad vigente- y decidiría sobre la convocatoria de Cortes, propuesta que partió fundamentalmente de la Junta sevillana (circular de 3 de agosto), a la que se fueron adhiriendo las demás. Y así, el 25 de septiembre de 1808, se instala en Sevilla la Junta Central Suprema Gubernativa del Reino, formada por los representantes elegidos por las Juntas provinciales(44). Ésta reasume el poder de todas esas Juntas y limita progresivamente sus competencias, no sin obstáculos. De este modo, se aprovecha la situación para uniformar la organización político-administrativa del Reino, adelantando así la política centralista de Cádiz: Las Juntas supremas pasan primero a superiores provinciales de observación y defensa, luego a superiores provinciales de armamento y defensa, reduciendo el número de sus miembros por decisión de la Regencia, para, finalmente, convertirse, ya por obra de las Cortes, en superiores provinciales, antecedentes más o menos inmediatos de las Diputaciones provinciales. Sus funciones quedaron definidas desde un primer momento: alistamientos y recaudación de contribuciones, como órganos periféricos del Gobierno central, presididos por sus delegados en las provincias(45).

    fuente : www.cervantesvirtual.com

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    Santiago 7 day ago
    4

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