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    en que se refleja la injusticia social entre los mexicanos antes de la revolucion mexicana

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    ¿Cómo era la desigualdad en México antes de que estallara la Revolución mexicana? – Economía y sociedad

    Cuando hablamos sobre el porfiriato, la tradición nos dice que es una historia de explotación, de niveles de desigualdad parecidos a los del México colonial, caracterizada por la figura del peón encasillado, los jornales que apenas llegan a los niveles de subsistencia y una élite política y económica que extraía tanto como le era posible.

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    ¿Cómo era la desigualdad en México antes de que estallara la Revolución mexicana?

    Diego Castañeda Enero 8, 2019

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    Cuando hablamos sobre el porfiriato, la tradición nos dice que es una historia de explotación, de niveles de desigualdad parecidos a los del México colonial, caracterizada por la figura del peón encasillado, los jornales que apenas llegan a los niveles de subsistencia y una élite política y económica que extraía tanto como le era posible. El trabajo sobre la historia económica de México en este periodo y durante la revolución mexicana es extenso desde lo regional hasta lo nacional.

    Quizá el trabajo más completo para estimar los niveles de desigualdad a través de la historia de la economía mexicana es el de Bleynat, Challu y Segal (2017)1 en el que se documenta cómo cambiaron los niveles de subsistencia de la población, primero creciendo durante una buena parte del porfiriato y después cayendo rápidamente a lo largo de los últimos años de la dictadura. Cuando la revolución estalló, el salario de los trabajadores en promedio apenas se encontraba ligeramente arriba de la subsistencia.

    Ilustración: Augusto Mora

    Esta realidad contrasta con la de una economía que se encontraba en plena expansión, aprovechando los beneficios de adaptar tecnologías que comenzaron a desarrollarse cincuenta años atrás (como los ferrocarriles) y las nuevas oportunidades que la globalización del capital y del comercio traían. El PIB per cápita creció durante el último cuarto del  siglo XIX, la economía mexicana comenzó a crecer a un ritmo mayor, producto de la expansión del comercio global durante la primera globalización (Williamson, 2015),2 la exportación de ganado, granos, azúcar y las inversiones para construir ferrocarriles y otros tipos de infraestructura. No obstante, este crecimiento se concentró en las partes más altas de la sociedad porfirista, las clases medias y la población rural que llegaba al setenta por ciento del total no vieron beneficio alguno, incluso vieron sus niveles deteriorarse.

    Si usamos diferentes medidas de desigualdad en el periodo, las estaturas (López-Alonso y Vélez-Grajales, 2017)3 o los salarios reales y niveles de subsistencia, la historia de de explotación del porfiriato se confirma; no obstante, aún no conocemos la evolución de la desigualdad al interior de los distintos grupos sociales en la sociedad mexicana del periodo. La falta de datos y la baja confianza en algunos de los disponibles hace esta tarea muy complicada, pero quizá podemos llegar a un estimado razonable si empleamos una herramienta muy útil para estudiar desigualdad, las tablas sociales.

    Construyendo una serie de tablas sociales para 1895 y para 1910 podemos darnos una idea de quiénes fueron los ganadores y perdedores de la primera globalización en México y cómo los niveles de explotación presentes pudieron afectar de forma específica a algunos grupos, transformándose en un incentivo para la revuelta.

    Un resultado parcial de esta construcción (una investigación en desarrollo), se puede ver en las curvas de Lorenz para los años 1895 y 1910 en la imagen anterior. Las curvas de Lorenz representan la distribución del ingreso de la economía. La población acumulada se muestra en el eje de las abscisas y el ingreso total acumulado en el eje de las ordenadas. Si viviéramos en una sociedad perfectamente igualitaria, donde cada persona tuviera el mismo ingreso, estaríamos en la línea de 45 grados. Entre mayor es el área que la curva de Lorenz cubre (las líneas puntuadas gris y negra), mayor es el índice de Gini y mayor es el nivel de desigualdad en la economía.

    De acuerdo a estos resultados, en 1895 el índice de Gini para la economía mexicana sería de poco más de .318 con una tasa de extracción de 84 por ciento, muy elevada pero en línea con los niveles que se observan en muchas economías agrarias. Para 1910 el panorama empeora, un índice de Gini de .439 y una tasa de extracción del 102 por ciento. Aproximadamente, el 20 por ciento de la población controlaba el 60 por ciento del ingreso nacional y el restante 80 por ciento de la población el 40 por ciento del ingreso.

    Los grandes ganadores fueron los terratenientes que vieron sus ingresos triplicarse en el periodo y con ello impulsaron el crecimiento del ingreso per cápita sin que la mayor parte de la población se beneficiara. Los grandes perdedores fueron los campesinos que, además de despojos de tierra y explotación, vieron sus ya por de sí bajos ingresos diluirse con el periodo de inflación en la última década del porfiriato.

    Estos resultados son preliminares y no deben considerarse como valores puntuales sino como aproximaciones a los niveles de desigualdad presentes que están sujetos a revisión; no obstante, confirman lo que Bleynat et al (2017) muestran con la evolución de los salarios reales.

    Estos estimados no son más que un pretexto para hacer preguntas sobre la desigualdad en México. ¿Por qué es importante esta discusión sobre la evolución de largo plazo de la desigualdad en México? México es un país que de forma continua en su historia ha sostenido niveles elevados de desigualdad y éstos están vinculados con otra gran gama de fenómenos sociales que ocurren en el país: violencia, falta de acceso a servicios públicos o la permanente falta de movilidad social.

    fuente : economia.nexos.com.mx

    Así era México meses antes de la lucha de Revolución

    En 1910 esta era la población que tenía el país, los estados que lo conformaban y los gustos musicales de la época

    #RevoluciónMexicana

    Así era México meses antes de la lucha de Revolución

    Nación321

    2020-11-20 |10:01 Hrs.Actualización10:01 Hrs.

    CREEMOS QUE IMPORTA POR...

    Porque el país ya nunca sería el mismo después de los hechos que se desarrollaron en 1910

    En 1910 México era gobernado por su presidente más longevo, la República Mexicana solo tenía 28 entidades, el ferrocarril era el transporte que conectaba a los mexicanos y la población era solo un 12.7% de lo que es actualmente.

    Como lo describe Daniel Cosío Villegas en su libro "Historia general de México", los meses previos a la Revolución Mexicana (que estalló oficialmente el 20 de noviembre de 1910), el país llevaba más de 30 años de abuso, explotación, falta de identidad nacional, aculturación y afrancesamiento que provocaron un levantamiento en el que hombres y mujeres lucharon por una vida mejor.

    "Lograr la tan deseada paz social, que según los ideales liberales permitiría el crecimiento y desarrollo económico del país con capital nacional (aunque Díaz prefería estimular la inversión extranjera), había costado una represión brutal al pueblo. Las concesiones hechas a las compañías extranjeras, las exenciones de impuestos y en general el abuso ejercido por la burguesía extranjera logra el asentamiento de los capitales de grandes potencias mundiales", describe Cosío Villegas.

    México era un país completamente diferente a lo que conocemos hoy y aquí te dejamos los datos que ejemplifican esta diferencia:

    POBLACIÓN

    Meses antes de que se llevara a cabo el movimiento armado revolucionario, México tenía apenas 15 millones 160 mil 369 habitantes, en contraste con los 125 millones de personas que residen actualmente en México.

    Además, de los poco más de 15 millones de mexicanos que éramos, 10 millones 809 mil personas (un 71%) habitaba en zonas rurales, comparado con el 29% (4 millones 351 mil mexicanos) que vivían en zonas urbanas.

    El Distrito Federal (ahora Ciudad de México) era la entidad más habitada, con 471 mil 066 habitantes (en 2015 la CDMX era casa de 8 millones 918 mil 653 personas).

    Esa cantidad de habitantes es menor a la que tuvo la delegación Cuauhtémoc en 2015, 532 mil 553 personas.

    GEOGRAFÍA

    México no siempre ha tenido 32 entidades federativas y en 1910 solamente 28 estados conformaban (legalmente) la República Mexicana.

    Las entidades federativas que todavía no formaban parte de los Estados Unidos Mexicanos eran Baja California (se unió hasta 1952), Baja California Sur (1974), Nayarit (1917) y Quintana Roo (1974).

    Todas estas entidades eran territorios federales y no propiamente una entidad federativa, por lo que los poderes centrales designaban a sus autoridades.

    POLÍTICO

    A principios de 1910 el presidente de México era Porfirio Díaz Mori, quién venía gobernando la nación desde 1884. El 10 de julio de dicho año se llevarían a cabo nuevas elecciones para elegir al mandatario que gobernaría hasta 1916. Ninguno de los partidos políticos con registro a nivel nacional existía en 1910.

    Una vez que el general Díaz anunció que buscaría su reelección, Francisco I. Madero viajó por el país planteando la necesidad de un gobierno democrático. El 15 de abril se llevó a cabo la convención de los clubes antirreeleccionistas con 200 delegados y sus participantes eligieron como candidatos a la presidencia y a la vicepresidencia a Madero y a Francisco Vázquez Gómez, respectivamente.

    La nominación de Madero entusiasmó a un sector de la oposición con la idea de poder ejercer realmente su derecho al voto.

    Obviamente la candidatura de Madero no le gustó nada a don Porfirio, quien mandó encarcelar a los líderes de los clubes antirreeleccionistas; los periódicos que apoyaron la causa democrática fueron suprimidos; se usó el poder de la policía para disolver los clubes e impedir las recepciones que se organizaban en honor de los candidatos del partido Antirreeleccionista.

    Posteriormente el régimen de Porfirio encarceló a Madero, quien permaneció recluido durante las elecciones que dieron el triunfo a Díaz.

    Poco después Madero fue trasladado a San Luis Potosí, de donde logró fugarse. El 4 de octubre de 1910, Porfirio Díaz y Ramón Corral fueron declarados reelectos como presidente y vicepresidente para el sexenio 1910-1916, respectivamente.

    Cerrado el camino de la legalidad, Madero y sus simpatizante optaron por la vía armada. Desde San Antonio, Texas, publicó el Plan de San Luis convocando al pueblo a tomar las armas el 20 de noviembre. El 1 de diciembre, Porfirio Díaz y Ramón Corral asumieron el poder por última vez.

    CELEBRACIÓN

    Para conmemorar los 100 años del movimiento de Independencia de México, el presidente Porfirio Díaz decidió tirar la casa por la ventana y llevó a cabo una serie de eventos para celebrar la fecha.

    Destaca de entre estos eventos el 16 de septiembre de 1910, fecha en la que Díaz inauguró el monumento de la Independencia en Paseo de la Reforma.

    fuente : www.nacion321.com

    Justicia social, la inalcanzable promesa de la Revolución mexicana

    La Revolución Mexicana fue una revuelta armada que lejos de traer beneficios termino por generar una nueva dictadura institucional a través del PRI.

    Justicia social, la inalcanzable promesa de la Revolución mexicana

    por Rafael Ruiz Velasco 22 noviembre, 2016

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    La idea de la Revolución mexicana era traer justicia social, pero la meta se desdibujó en el camino (Youtube).

    El 20 de Noviembre se conmemoraron 106 años del inicio del conflicto armado más relevante en la historia contemporánea de México y que estableció las bases socioeconómicas sobre las que posteriormente se refundaría el país: la Revolución Mexicana.

    La historia oficial ha tendido a simplificar el conflicto a una batalla entre buenos y malos. Según esta pueril versión de lo ocurrido, Porfirio Díaz era un dictador que tenía sumergido al país en una profunda miseria y la revolución estalló por un grupo de valientes ciudadanos que, hartos de esta situación, decidieron levantarse en armas para hacerle frente al régimen.

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    La verdad es que, durante el período de Porfirio Díaz, si bien existía una tremenda desigualdad y situaciones de pobreza que eran alarmantes, también se vivía un clima de estabilidad y progreso económico que sería injusto olvidar.

    La Revolución fue, como cada conflicto armado en la historia de la humanidad, una batalla a muerte por el poder. Una lucha encarnizada entre algunos generales y caudillos que buscaban a toda costa imponer sus reglas y condiciones al resto y fue, sobre todo, una historia de muerte y traiciones.

    Cada general que surgió como figura pública durante esa época fue asesinado, emboscado, traicionado, envenenado o ajusticiado por quienes en algún momento se dijeron ser sus amigos y leales compañeros de batalla. Por eso es que no deja de sorprender que muchos vean a esta revuelta como símbolo de heroísmo e identidad nacional.

    Después del período de guerra, guerrillas y matanzas se alcanzó cierta estabilidad con la promulgación de la Constitución de 1917 que tuvo lugar en la ciudad de Querétaro y que permanece vigente hasta nuestros días.

    Pero, quizá la herencia ideológica más importante que nos dejó la revolución como país es una extraña obsesión por la “justicia social”.

    Desde Emiliano Zapata hasta los políticos de hoy en día y pasando por prácticamente cada gobernante y representante que hemos tenido en nuestra historia contemporánea se han dedicado a vendernos la idea que están trabajando en pro del “pueblo”, de la “igualdad”, del empoderamiento de los “oprimidos” y en contra de la oligarquía opresora representada principalmente por empresario (los nuevos hacendados) explotadores; sin importar si son nacionales y extranjeros.

    El ente político que ha adoptado este discurso a lo largo de los años históricamente a la perfección es el Partido de la Revolución Institucional que, desde su nombre hasta lo más profundo de sus raíces ideológicas, se ha convertido como organización en una oda al populismo y está pensado en llegar a los corazones y a los bolsillos de la gente a través del supuestamente heroico y sentimentalista discurso revolucionario.

    Con el PRI en el gobierno se vivieron durante 70 años lo que Vargas Llosa calificaría como “la dictadura perfecta” en la que era un solo partido el que ostentaba todo el poder político del país, apoyado por los grandes sindicatos y grupos de interés. Irónicamente, la Revolución Mexicana, en su afán de derrocar un régimen, terminó por crear otro mucho más perdurable y peligroso, ya que no recaía en la figura de una persona, sino que sutilmente se apoyaba en el ideario y el estilo de vida de la población entera.

    Esta obsesión por el ambiguo concepto de “justicia social” también nos ha llevado a fomentar y perdurar el eterno discurso de victimización del mexicano. La culpa de la pobreza, la ignorancia y el estancamiento en general del mexicano siempre es de alguien más y nunca propia; ya sea del sistema económico mundial, del empresario explotador, de los Estados Unidos o del gobierno en turno.

    La obsesión por la historia oficial y el encumbramiento de estos personajes revolucionarios han provocado que el mexicano promedio siga esperando a un nuevo Zapata o a un nuevo Villa que, a través de una especie de revolución moderna, venga a solucionar los problemas a los que se enfrenta día a día y evidentemente eso no sucederá.

    Lea más: Cúpula empresarial de México y EE.UU. se preparan para reformas del TLCAN

    La historia oficial, al intentar vendernos la idea de que la Revolución fue un movimiento heroico y lleno de valores deseables para la sociedad, implícitamente transmite un mensaje de que para ser revolucionario es necesario tomar lo que se quiere por la fuerza, que el levantamiento en armas, el asesinato a mano armada, la traición o la imposición de creencias a terceros se justifica cuando las cosas no van de la forma en que creemos mejor para nosotros.

    Los tiempos han cambiado, el mundo ya no es el mismo y hoy gozamos de facilidades que hace apenas 100 años eran impensables. El acceso a la educación, a la información o a las telecomunicaciones han cambiado por completo la forma en que concebimos el mundo y nuestro día a día.

    fuente : panampost.com

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    Santiago 8 day ago
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